Guadalajara, Jalisco

Sábado, 19 de Agosto de 2017

Actualizado: Hoy 17:06 hrs

26°

Síguenos:

Rubén Martín
MAY 3 2017
Antipolítica

Por Rubén Martín rubenmartinmartin@gmail.com

La lacra del “charrismo sindical”

En la comodidad de un salón de eventos, y alejados de las calles, pero sobre todo alejados de los trabajadores que dicen representar, así celebraron los “charros” sindicales el 1º de Mayo. Fue en un salón de Expo Guadalajara, y como invitado especial, el gobernador Aristóteles Sandoval Díaz.

No saben, o quieren ignorar, que el 1º de mayo no es un día de celebración, pues la conmemoración surge en una brutal represión del gobierno y los patrones a una manifestación obrera que exigía legítimamente mejorar sus condiciones laborales y de vida.

Como todas las palabras y conceptos, el “charrismo” sindical tiene una genealogía. En 1948 el gobierno de Miguel Alemán Valdez impuso mediante la fuerza y la represión a Jesús Díaz de León como dirigente del sindicato ferrocarrilero, que hasta entonces mantenía independencia del gobierno. A Jesús Díaz de León lo apodaban “El Charro” por su afición a los caballos y las suertes de la charrería. La imposición de “El Charro” en el sindicato ferrocarrilero con la consecuente detención, expulsión y represión de los dirigentes y corrientes independientes fue tan contundente que de inmediato el término “charrismo” se aplicó a las prácticas sindicales de supeditación al Estado, y “charro” sindical se usa para identificar a los sujetos que traicionaban a los trabajadores.

Después de reprimir las corrientes obreras independientes en el sindicato ferrocarrilero, la medida fue tan eficaz para los intereses del gobierno de Miguel Alemán que un año después, en diciembre de 1949, se aplicó contra el sindicato de trabajadores petroleros y en 1950 en contra del sindicato minero. Desde entonces, esos tres sindicatos quedaron supeditados a la tutela de los gobiernos en turno. Y con ello se selló la suerte de un sindicalismo independiente en México. Y aunque se volvió a intentar la democratización de los sindicatos en la década de 1970, al final fueron derrotados por el Estado o los nuevos dirigentes se “charrificaron” por sí mismos.

Los “charros” sindicales han sido sumamente perniciosos para los trabajadores que dicen representar, pues imponen las políticas y directrices que les ordenan los operadores del Estado y negocian con los patrones, públicos o privados, las condiciones de trabajo que favorecen al capital, no a la clase obrera.

El “charro” sindical no es sólo un sujeto que traiciona a su clase, es al mismo tiempo un personaje corrupto: el Estado y el capital recompensan al “charro” ya sea de manera directa permitiéndole apropiarse de las cuotas y de los bienes del sindicato o federación que manejan, a la vez que reciben recursos directos ofrecidos de gobernantes, o recompensas de los patrones, especialmente en las negociaciones contractuales favorables al capital y lesivas para los trabajadores.

El “charrismo” sindical ha sido una de las piezas centrales de control, disciplinamiento y represión del capitalismo mexicano en contra de los trabajadores de este país. Ha sido una pieza central no sólo para la reproducción de los ciclos de acumulación de capital, sino una pieza central para el control y dominación de las clases subordinadas en México.

Rubén Martín

EL INFORMADOR valora la expresión libre de los usuarios en el sitio web y redes sociales del medio, pero aclara que la responsabilidad de los comentarios se atribuye a cada autor, al tiempo que exhorta a una comunicación respetuosa.

En caso de considerar que algún comentario no debería mostrarse por ofender a otras personas, instituciones, o ir contra la Ley, cualquier lector puede denunciarlo utilizando el botón de a la derecha de cada comentario.

PARA MOSTRAR LOS COMENTARIOS DE ESTA NOTA PULSA EN ESTE AVISO

:: Más Autores