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Jaime García Elías
ABR 27 2017
A propósito

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

* ¿Conjura…?

Los alarmistas verán una amenaza implícita en la aseveración de Philippe Moggio, secretario general de la Concacaf, en el sentido de que, de cara al Mundial de Qatar-2022, se pretende modificar el actual formato de la eliminatoria mundialista, “a fin de darle oportunidad a todas las federaciones que lo integran”…

Más aún: cuando el mismo Moggio anticipa la intención de los actuales jerarcas de la Concacaf, de que haya “más participación y más oportunidades para todos los miembros de la misma”, y, principalmente, de que “para México y Estados Unidos sea más difícil clasificar”, habrá quién vislumbre en el fondo de sus palabras una conjura; un complot en toda forma.

*

De momento, las palabras de Moggio le hacen al futbol mexicano lo que es fama que el viento le hizo a Juárez. Primero, porque la supuesta confabulación se haría efectiva hasta la siguiente fase eliminatoria. Segundo, porque en la actual, con vistas a la cita en Rusia-2018, a diferencia de procesos anteriores que fueron de pesadilla, la barca mexicana, con Juan Carlos Osorio en el puente de mando, marcha —a despecho de sus cada vez menos abigarradas y menos estridentes legiones de críticos— viento en popa.

Sin embargo, tampoco debería haber, en el mediano o en el largo plazo, el temor de una rebelión en la granja, al modo de la novela satírica de George Orwell, ni de una maquinación orientada a dificultar o comprometer las posibilidades de que México conserve por los siglos de los siglos, aunque la empresa le signifique más sangre, sudor y lágrimas que antaño, su calidad de casi inevitable finalista geográfico.

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Podrán darse al sistema de competencia todas las vueltas que se quiera. Podrán llevarse hasta donde se quieran los mecanismos de las visitas recíprocas o de torneos como el Hexagonal en que se disputarán los boletos para el Mundial en puerta…

El futbol mexicano ya vivió esa experiencia cuando, con tal de conseguir los votos de los vecinos del área para hacer el Mundial de 1970, se accedió a definir el pase al Mundial de Alemania-74 en una sola sede (Haití), en un episodio funesto para el Tri.

Dénsele al asunto todas las vueltas que se quiera, el desenlace de la historia siempre será el mismo: que en materia de futbol, como en todos los órdenes de la vida, “el que tiene más saliva come más pinole”.

Jaime García Elías

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