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Diego Petersen
ABR 26 2017
En tres patadas

Por Diego Petersen diego.petersen@informador.com.mx

Franeleros o la gestación de Chucky

Hace nueve meses, tiempo apenas suficiente para que naciera el chiquillo, en este mismo espacio tocamos el tema de los franeleros, elegantemente llamados “balde parking”. En aquel momento el Gobierno municipal de Guadalajara comenzaba, con toda razón, su lucha legal contra la concesión de los parquímetros. La pregunta fue la siguiente:

“Qué pasa cuando ese bien público es administrado, con o sin parquímetro de por medio, por un particular, sea el gandalla de la cuadra que pone cadenas o botes para que nadie se estacione frente a su casa, bajo el árbol que él sembró (no en su cochera, sino en todo el frente) o el “valet parking” que aparta lugares y cobra propina por “cuidar” el coche. En no pocas ocasiones “la cuidada” raya en la extorsión”.

Como quedó claro en el reportaje del domingo pasado, en la práctica la concesión que el Ayuntamiento le quitó valientemente a Metrometers se la adjudicaron por la vía de los hechos los franeleros. No solo se multiplicaron en número sino que se expandieron a territorios donde antes no estaban.

Quitarle una concesión a un particular que se queda con el dinero de los que nos estacionamos en la calle es aplauso seguro, aunque el tema siga atorado legalmente. Quitar a los franeleros no provocará un solo aplauso sino una chifliza descomunal de parte de la corrección política. Aunque la policía de Guadalajara ha detenido a varios por delitos menores (387 según su reporte) todos están al día siguiente en su lugar “de trabajo”.

No haber atendido seriamente el tema en su momento hace que sea mucho más grave. Ya no es solo un problema social sino de seguridad. Detrás de los vendedores ambulantes, lo sabía el Ayuntamiento, estaba los intereses de líderes de diferentes partidos. No tuvo empacho en enfrentarlos y recuperar el espacio público. Detrás del crecimiento desmedido de los “balde parking” lo más probable es que lo que exista sean intereses más oscuros, o si se quiere igual de oscuros, pero más peligrosos.

Independientemente de cuánto vayan a tardar en resolver el tema de los parquímetros, que está más enredado legalmente de lo que esperaban, urge que el Ayuntamiento tome medidas serias, con apego a derechos humanos y a la legalidad pero anteponiendo el bien común y la seguridad de los tapatíos sobre cualquier otro interés.

Nueve meses después, por falta de prevención (léase articulación de políticas) nos nació un Chucky, un pequeño monstruo que en unos años puede ser un verdadero dolor de cabeza (y créanme, esta pesadilla no se acaba al salir del cine).

Diego Petersen

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