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José M. Murià
ABR 21 2017
Replicando y en la procesión

Por José M. Murià jm@pgc-sa.com

¡Mañana será 22 de abril!

¡Hace ya veinticinco años! Se nos fue un cuarto de siglo (un tercio de mi vida) desde aquella enorme catástrofe que nos brindó la corrupción que había en la planta de PEMEX que se encuentra en La Nogalera.

Unos doscientos diez cadáveres se concentraron en la sede del Instituto Nacional de la Juventud, ¿cuántos más quedaron entre las ruinas y los escombros? Eso es muy difícil de saber. Heridos hubo por montones y mutilados también y, claro, no faltó la lesión psicológica y moral de muchos de aquel sector de la ciudadanía más comprometido con ella misma.

El libro de mi autoría que más quiero, una Breve Historia de Jalisco, que fue publicado por el Fondo de Cultura Económica y alguna cualidad tendrá puesto que ya lleva cinco ediciones, tenía en las tres primeras la dedicatoria siguiente: “a todos los mártires del 22 de abril”. En las últimas desapareció inopinadamente. Tal vez tenga que ver la amistad de quien era la coordinadora de la colección, Alicia Hernández, con Carlos Salinas de Gortari. Si algo de sensibilidad tiene el hombre, supongo que el tema debe molestarle sobremanera.

Al destacar la palabra “todos” poniéndola en cursiva se pretendía fortalecerla y darle la mayor amplitud posible. Pensaba no solo en los dañados directamente por las explosiones sino también, y mucho, en quienes resultaron víctimas de carambola por obra y gracia de obscuros intereses de la cúpula del gobierno federal. Entre ellos, claro, destaca mi entrañable amigo Enrique Dau Flores y también, de mis grandes afectos, Aristeo Mejía Durán. La probidad y falta de culpa de ambos empezó a quedar claramente establecida después de dos centenas de días de reclusión injusta e injustificable que terminaron con la declaración de una absoluta “falta de méritos”. La historia ya está dando cuenta de ello.

Daños que derivaron de la indignación general fueron también los tres sexenios panistas, entre los que destacan por su torpeza y mala leche el primero y el tercero. En buena medida, a la falta de acciones de ambos se debe la congestión vial que padecemos. El desarrollo de Jalisco padeció un severo descalabro y no empezamos a recobrar el paso hasta los años recientes.

En fin: no perdamos de vista cuáles fueron las causas de la tragedia pero tampoco a los que se aprovecharon de ella para cebarse en quienes no eran de su gracia porque querían poner a otros o, más bien, a otras, en su lugar.

José M. Murià

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