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Sergio Aguirre
ABR 21 2017
Viaje en parasubidas

Por Sergio Aguirre sergio@aguirre-consultores.com.mx / @seraguirre

Cuando llegó el chavismo

¿Cómo arribó Chávez a Venezuela en 1999? Clientelismo como regla. “El clientelismo es una relación diádica que suele darse a través de la acción gubernativa -si el político está en el poder- o de la acción partidista o política -si no lo está- dirigida a entregar bienes o servicios a grupos políticamente cautivos de la población. (...) es una forma de hacer política que consiste en generar fidelidades y gratitudes en grupos de la población a cambio de favores que les dispensan u ofrecen los políticos. (...) Algunos lo han definido como el “cambio de votos por bienes o servicios”.” (Enciclopedia Política - Rodrigo Borja).

El clientelismo compra el voto, y más cuando les sobra dinero a los partidos, sea como sea. Y en el régimen previo al chavismo, eso era ley. Así, a veces les tocaba a unos maicear a sus huestes y luego a los otros -ahora solo a unos-, pero para los mayoritarios jodidos fuera de anzuelos, casi nada. Hoy nada.

A todo dar. Solo había de dilapidar dinero, cargos o contratos. ¿Convencer o argumentar? ¿Ser honesto o gobernar bien? Juar. Al contrario, siempre la corrupción e ineficiencia han sido su siamés. Y como en todo régimen de esos, las cosas no jalaban. Los venezolanos de a pié lo sabían. Al ser el país más abundante en petróleo del planeta, no solo tenían la suficiente fuerza para generar una economía vigorosa y diversificada -como ya antes modestamente había pasado-, sino la posibilidad de disfrutar de un nivel de vida altísimo, a la par de por ejemplo hoy Dubai y su ciudad homónima reconocida por su ostentación.

Llegó. Pero antes ocurrió un evento usado de propaganda. Ante unas finanzas irresponsables -deuda e inflación incontenibles, y bajo precio del petróleo- causados por tanto dispendio para satisfacer a las clientelas en lugar de invertir, ahorrar y gastar bien; el gobierno de entonces se vió obligado a ajustarlas mediante un choque económico para el mediano plazo, lo cual implicó medidas durísimas para las personas.

Paradójicamente, esas pésimas condiciones hoy serían el paraíso. Lo anterior justificó el “Caracazo” en 1989, estallido nada espontáneo y llamado así por el nombre de su capital. Durante días se vivieron saqueos y violencia generalizados con un saldo de alrededor 400 muertos y una cantidad desconocida de desaparecidos. La versión más verosímil: fue detonado, azuzado y continuado por los proto chavistas y los cubanos, siempre ávidos. Pero es de forma chapucera y contradictoria su precedente “moral” o reivindicativo.

Hoy explican: “Éramos felices pero no lo sabíamos”. Mirémonos. Urge la forma de erradicar nuestro clientelismo contagiado por el régimen previo del partido preponderante. El del PRI siempre ganador o de la dictadura descrita por Rabasa. No se puede explicar la corrupción como sistema sin la impunidad fruto del clientelismo. Por eso, es fácil traducir cuando López Obrador dice: Javier Duarte es un chivo expiatorio. O el perdón prometido de todo pecado al engrosar a sus filas. O su promesa de no combatir al crimen organizado. Y tantas cosas de tantos ladrones y aspirantes a dictadores.

Se trata de la lealtad política fundamentada en la impunidad.

Y la cabrona impunidad: Nuestro principal problema. Así las cosas.

Sergio Aguirre

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