Guadalajara, Jalisco

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Diego Petersen
ABR 20 2017
En tres patadas

Por Diego Petersen diego.petersen@informador.com.mx

Un boleto para dos

La escena no podía ser más vergonzosa: 40 patrullas, 20 por bando, decenas de policías y los capos de ambas corporaciones enfrentándose verbalmente en la calle. Es una escena que retrata de cuerpo entero al machismo más idiota, el remake de “Por mis pistolas” en su versión más patética. Cuesta trabajo imaginar que dos jefes policiacos sean tan emocionalmente incapaces que en lugar de hablarse entre ellos y citarse para arreglar el problema en una oficina se aferren a “su verdad” y monten una escena como la que vimos en la vía pública a planea luz del día.

Más grave aún es que el alcalde de Guadalajara, Enrique Alfaro, y el gobernador, Aristóteles Sandoval, no estén sentados juntos mandando un mensaje de tranquilidad a los ciudadanos cuando los indicadores de seguridad siguen deteriorándose. Nadie les niega a los políticos el derecho a vacaciones, pero la imagen que han transmitido en las últimas horas es que no hay quien mande, y eso es escalofriante. Ni siquiera fueron capaces de ordenarles, desde donde estén, a sus segundos de abordo que salieran a dar un comunicado conjunto que enfriara los ánimos. Los policías tienen que saber que el enemigo no es el de la corporación de enfrente y los ciudadanos que hay quién nos proteja.

Pero más allá del pésimo manejo de la situación por ambos bandos, es más preocupante lo que este zafarrancho ha revelado de la Policía de Guadalajara. Salvador Caro defendiendo que los policías anden de civiles, en una camioneta con placas borradas y que puedan golpear a un detenido porque es sospechoso, está fuera de toda lógica y legalidad (si no le queda claro lo absurdo de lo que defiende ahí está la regidora Guadalupe Morfín para que le explique). Vamos a suponer que los negros nunca hubieran aparecido en la escena. Con el nuevo sistema de justicia penal el detenido hubiese salido de los juzgados más rápido que Checo Pérez de los pits, pues la detención tenía todos los agravantes de una detención ilegal (luego, por supuesto, habrían dado una rueda de prensa para decir “nosotros los agarramos y luego los sueltan”).

Ambos jefes policiacos, Eduardo Almaguer y Salvador Caro, han dado claras muestras de que les interesa más vencer al otro que vencer a la delincuencia. Por el bien de la ciudad y del Estado es momento de que se vayan a hacer campaña, si eso es lo que quieren, a otro puesto o a su casa; será una decisión de ellos mismos y de respectivos jefes.

Es momento de sacar un boleto para dos.

Diego Petersen

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