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Pablo Latapí
ABR 20 2017
Errante peregrino

Por Pablo Latapí platapi@hotmail.com

Gracias Doctor Dao

Lo que no habían conseguido cientos de demandas en tribunales de Estados Unidos lo consiguió un oriental testarudo y chillón: exhibir a la industria de la aviación comercial como un negocio que en su voracidad desmedida ha puesto entre la última de sus prioridades la que debería ser la primera: el cliente.

La semana pasada seguramente usted vio alguno de los videos (porque son varios) que muestran el momento en que un ciudadano norteamericano de origen vietnamita, el doctor David Dao, estando ya en un asiento en un avión de la línea United esperando el momento del despegue es levantado a la fuerza, a tirones, por un par de policías y mientras él se resiste e incluso grita desesperado, en algo que parece más el chillido de un marrano rumbo al matadero, es arrastrado por el pasillo para ser sacado del avión. En el siguiente video se aprecia que el doctor Dao, antes de salir de la aeronave, logró zafarse y corrió hasta la parte posterior donde abrazado de una cortina afirmaba que él tenía que viajar. Ya en este último video se observa un rastro de sangre en la cara que sale de la boca y de la nariz.

Los videos tomados por distintos pasajeros desde varios ángulos se volvieron inmediatamente virales, la locura en las redes sociales y en páginas de noticias de internet, y provocaron una crisis al interior de la línea United, que además de ser muy mal manejada exhibió la voracidad de la industria, y no está lejos de costarle la chamba al CEO.

Y es que si no existieran los videos ni los gritos del doctor Dao, y él hubiera disciplinadamente bajado del avión para ir a demandar ante un tribunal hubiera perdido la demanda porque es perfectamente legal que una línea venda boletos de más en un vuelo, el ya famoso overbooking, y entonces puede negar o bajar a discreción a varios pasajeros sin posibilidad de reclamo.

Las aerolíneas, con base en sus estadísticas, tienen un cálculo aproximado de cuántas personas, aún con boleto pagado, no llegarán a tomar el avión por distintas razones. Y la línea entonces vuelve a vender ese número de boletos bajo el riesgo de que lleguen los pasajeros y haya falta de lugares. La línea entonces busca voluntarios a no viajar (a quienes ofrece compensaciones en vales de viaje u hospedaje) y si ni los hay elige aleatoriamente quiénes deben no viajar. Esa fue la suerte del doctor Dao.

Es algo perfectamente legal y permitido: al comprar un boleto de avión no se tiene la garantía de que se vaya a viajar, y por reglamento (las famosas políticas de la línea) el pasajero no tiene posibilidad de reclamo.

Si ocurriera en otras industrias sería como si en el teatro, ya sentado, le avisan que se tiene que parar e ir: o un restaurante de comida rápida no le entregan su pedido ya pagado porque hubo alguien más que ya lo tomó; o al comprar una camisa se la dan a otra persona porque hay sobre venta. Resulta perverso pensar que usted está pagando por algo que quizás no vaya a recibir, y que se tiene que quedar tan tranquilo y conforme.

El berrinche de nuestro doctor vietnamita sacudió la industria, exhibió este menosprecio hacia los clientes (que son los que mantienen la aviación); y está obligando a replantearse esas políticas tan voraces y abusivas... y quizás mejore el trato.

Le debemos una doctor Dao.

Pablo Latapí

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