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Diego Petersen
ABR 19 2017
En tres patadas

Por Diego Petersen diego.petersen@informador.com.mx

Ratificación o revocación: ¿esa es la cuestión?

Cuando los alfaristas ganaron por primera vez Tlajomulco, con Enrique Alfaro a la cabeza, generaron varias políticas públicas para fortalecer la relación entre el Gobierno y la sociedad. Leyeron bien el descontento de la población y supieron responder a ese descontento.

La más importante fue el presupuesto participativo a través del cual los ciudadanos, al pagar el Impuesto Predial, tenían, y tienen, derecho a escoger entre una serie de obras propuestas. La más llamativa sin embargo fue un ejercicio de ratificación de mandato por el cual el presidente municipal de sometía, a la mitad del periodo, a un pequeño y perfectamente controlado ejercicio en el cual los ciudadanos podían votar si el presidente debía o no continuar en el cargo. El presupuesto participativo es un ejercicio limitado pero interesante y real que ha permitido incluso aumentar la recaudación. La ratificación de mandato es una payasada, pues participa menos del cinco por ciento del padrón electoral, el ayuntamiento decide cuántas casillas, y dónde las pone; él mismo cuenta los votos y luego usa la información para auto alabarse.

Hace año y medio, cuando comenzaban las administraciones municipales, uno de los problemas que tuvieron los alfaristas con María Elena Limón, alcaldesa de Tlaquepaque, fue que no quería comprometerse con la ratificación de mandato; después de una elección tan cerrada el riesgo de perder, pensaba ella, era alto. Se negó hasta que alguien, pacientemente, le explicó que no había riesgo, que si tu convocas, pones las casillas, cuentas los votos y tienes el control absoluto del proceso, no hay manera de que el resultado sea negativo.

Un grupo de ciudadanos (despreocupémonos si son legítimos o no) quieren cambiarle la jugada a Enrique Alfaro y convocaron ya no a una ratificación sino a una revocación de mandato a través de mecanismos formales avalados por el INE y estipulados en la ley de participación ciudadana. Más allá de a quién convoque y quién los apoye, este grupo va a meter en problemas al alcalde de Guadalajara, pues si bien se ve difícil que salga derrotado de un  proceso así, lo único cierto es la incertidumbre: nadie sabe de antemano qué pueda salir y cómo se usará la información que salga del ejercicio. Además, al ser el organismo electoral quien controla  el proceso, hace prácticamente imposible la manipulación por parte del ayuntamiento interesado.

La cuestión no es ratificación o revocación. Los tapatíos eligieron a Enrique Alfaro para gobernar tres años. Difícilmente sobrepasará el segundo año y terminará por irse de candidato simple y sencillamente porque así conviene a sus intereses.

Ahora sí que, para qué tanto brinco estando el suelo tan parejo.

Diego Petersen

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