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Diego Petersen
ABR 18 2017
En tres patadas

Por Diego Petersen diego.petersen@informador.com.mx

Sospechosismo reloaded

Fue Santiago Creel quien acuñó para la posteridad el término “sospechosismo” para referirse a la profunda desconfianza que existe en torno a los políticos y la política en México. Un político sospecha de otro político; los periodistas sospechamos de los políticos y los políticos de los periodistas (quién sabe qué intereses tenga) y la sociedad de todos (quién sabe qué enjuague traen los políticos y los medios). Lo cierto es que eso que en un principio fue motivo de bullying contra el entonces secretario de Gobernación es, me parece, una de las más grandes contribuciones a la jerga política nacional junto con palabras como destape, cargada, maiceo, besamanos, etcétera. Pero, mientras que todas las arriba citadas son palabras del régimen anterior a la transición, sospechosismo es la palabra que mejor define a la política mexicana de la imperfecta era democrática.

La detención de Duarte es una radiografía del sospechosismo reloaded. Como en el título de la novela de Daniel Sada, “Porque parece mentira la verdad nunca se sabe”, el sospechosismo parte de que en este país todo es posible, todo es negociable y hasta la más loca de las teorías conspiratorias encontrará eco. La risa de Javier Duarte tras su detención ha provocado y generado más interpretaciones que la sonrisa de la Gioconda. Nadie tiene derecho a reírse en una situación así. Los reos deben, todos y por decreto, bajar la mirada, entristecer el semblante e ir por la vida con cara de compungido y derrota. ¡Y cómo no!, si lo acaba de derrotar el Estado, las mismísimas fuerzas del bien. A nadie se le ocurre pensar que es una sonrisa idiota, porque todos son malos cínicos.

Las circunstancias de la captura son aún más sospechosas. ¿Cómo es posible que un señor que llevaba tantos días planeando su escondite estuviera en un hotel? Ya Poe había demostrado, en el extraordinario cuento “La carta robada”, que el mejor escondite no es en lo más profundo del subsuelo sino ahí donde nadie busca. Pero además, lo dijo la policía guatemalteca, efectivamente nadie lo estaba buscando. Otros más consideran digno del mayor sospechosismo la manera tan tonta e infantil como los hijos usaron un avión para ir a Guatemala, cuando todos sabemos que la estupidez, el error idiota, el exceso de confianza está detrás de todas las detenciones de la historia.

No dudo, porque en este país todo es posible, que la entrega sea pactada (aunque sospecho que nunca nos lo dirán) pero el exceso de sospechosismo nos está impidiendo ver lo que es realmente importante: la impunidad no termina con la detención.

Diego Petersen

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