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Gabriela Aguilar
ABR 18 2017
Punto ciego

Por Gabriela Aguilar puntociego@mail.com

La sonrisa de Duarte

Una de las primeras cinco fotografías que circuló del arresto del ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte, lo mostraba risueño. Sus captores, trascendió, la interpretaron como una señal de cinismo y de soberbia.

La imagen de Duarte con la risa a plenitud indignó tanto o más que las recurrentes imágenes suyas, abrazado del Presidente —que convenientemente estaba de vacaciones— quien lo halagaba y lo calificaba como un ejemplo del nuevo PRI y molestó tanto o más que los seis meses que pasó prófugo o los piensos de su esposa Karime Macías, quien presuntamente escribió en un cuaderno —hallado en una bodega llena de bienes del ex gobernador—: “Sí, merezco abundancia”.

¿De qué se ríe Javier Duarte?, ¿en el fondo sabe que la justicia no lo alcanzará? Seguro, porque no hay castigo suficiente para el daño que dejó en su Entidad. El año pasado se informó que el 92 por ciento de las desapariciones en Veracruz se realizaron en su sexenio (llegó al gobierno el 1 de diciembre de 2010 y debía terminar el 30 de noviembre de 2016), las autoridades reconocen poco más de 700, organismos civiles más de mil 500. A esto hay que sumar que hasta marzo se habían encontrado 125 fosas clandestinas, entre ellas la más grande del sexenio —encontrada hasta hoy— ubicada en el predio Colinas de Santa Fe con 245 cuerpos. El ex gobernador no los mató por mano propia, eso es seguro, pero su responsabilidad seguramente está relacionada en los delitos que se le imputan de acuerdo con el Ministerio Público de Guatemala que coordinó la captura con fines de extradición del ex gobernador, a quien se le imputan “delitos de delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita”.

También en su sexenio fueron asesinados 19 periodistas, se recuerda en particular el caso de Rubén Espinosa, fotoreportero quien le tomó una fotografía que revelaba su personalidad iracunda. ¿De qué se ríe Javier Duarte? Que malversó en casi seis años 4 mil 630 millones de pesos y difícilmente ese dinero regresará a las arcas públicas.

La risa de Duarte es la expresión más clara de la impunidad, del nuevo y del viejo PRI, de la clase política, de quienes se sirven del poder y saben que se saldrán con la suya aunque lleguen a la cárcel, porque el dinero no es para ellos, sino para sus esposas e hijos, amantes y agregadas, que desean la abundancia y la van a disfrutar.

La captura del ex gobernador de Veracruz pareció más una entrega voluntaria después de cumplirle el deseo de pasar las últimas vacaciones con la familia, ver su último atardecer, dar el último adiós ¿vio a la familia llegar tranquila al aeropuerto de Toluca? ¿Y si no imaginamos el final inesperado de la historia?

Gabriela Aguilar

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