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José M. Murià
ABR 14 2017
Replicando y en la procesión

Por José M. Murià jm@pgc-sa.com

Dos municipios reprobables

Me he calzado de nueva cuenta las botas de viajero para deambular por el Estado de Jalisco. Lo estoy yendo, de un lado para otro, sin un plan bien determinado, con el fin de inmiscuirme libremente sin influencia alguna en el hacer y deshacer de todos los días para obtener impresiones directas de la marcha de las cosas, además de la opinión que se tiene de cada uno de los gobiernos locales. Así me he llevado sorpresas agradables, pero otras también verdaderamente tristes.

En este sentido, de mis traslados recientes, hay dos que se llevan las palmas, y lo digo con dolor puesto que ambos son terruños que me resultan especialmente queridos y, además, gozaron en el pasado reciente de vida mucho mejor.

¿Qué sucede en Tlaquepaque, especialmente en el mero centro de su cabecera, que se ha convertido en un muladar? La mutación en los últimos dos años de tener una plaza, con su Parián al centro, que era desde tiempos inmemoriales un centro de distribución alfarera, aquello se ha convertido en una gran cantina. No lo digo precisamente por el dicho Parián, donde se puede comer y beber como siempre, aunque la música en vivo de mariachis se ha visto desplazada por los aparatos de sonido de los alrededores, donde la gran muestra de artesanía se ha visto substituida por una sobreproductora de borrachos. De éstos si hay de todas las especies, mientras el famoso barro casi no se ve.

Aparte de una tercia de cuadras de la calle Independencia, donde hay de todo y una razonable limpieza, lo mismo la plaza que su mercado son verdaderos muladares.

Aquel mercado de artesanía regional que se abrazaba con la presidencia municipal, es ya un pésimo emisario del pasado.

Lo mismo puede decirse de la otrora llamada Zapotlán el Grande. Su cabecera sigue ostentando desde 1856 el nombre de Gordiano Guzmán, un digno prócer de la independencia y de la lucha en contra de Santa Anna y conservadores que le hicieron segunda. Es el municipio que recuperó hace poco el nombre de Zapotlán aunque ahora se podría ganar el mote Zapotlán el Sucio.

El querido Zapotlán, estoy seguro, habrá de superar este bache de inseguridad y pésimo Gobierno que, según dice David Jáuregui, quien conoce bien la situación, “no ve, no escucha o, mejor dicho, no quiere darse cuenta de la molestia de sus habitantes”.

Obras nocivas asaz inútiles, pésima atención y mantenimiento nulo es lo que se percibe, además de que la violencia y la inseguridad es lo que se siente. No es difícil darse cuenta de que la gente vive con miedo y, lo que resulta peor, que éste es de sobra justificado.   

No olvidemos que en esa tierra enterraron el ombligo de un crecido número de próceres nacionales, que han dado motivo de orgullo a los jaliscienses y a todos los mexicanos.

José M. Murià

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