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Guillermo Dellamary
ABR 13 2017
Misiva

Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

Los que se sienten influyentes

Llegó el Lic. Méndez en una Suburban conducida por un chofer, en el asiento del copiloto un guarda espaldas bien trajeado y con mirada de pocos amigos. Pero sumamente servicial y atento con el patrón.

Le abrió la puerta y casi casi le pone un tapete rojo para que descendiera de la “camionetona” de color negro y con vidrios polarizados.

Dando pasos firmes y con una actitud altiva, se abotona el saco mientras detiene un habano entre los dientes. Se pone sus elegantes gafas oscuras y se dirige con desplantes de político en campaña, al recinto del evento.

Una edecán se le acerca discretamente a preguntarle su nombre y con una sonrisa seductora le dice: “Señorita, se ve usted muy guapa, soy el Lic. Méndez candidato a senador por un renombrado sindicato” Sí claro pase usted Lic. lo acompaño hasta su lugar en el área VIP.

Con abrazos a media asta y fuertes saludos de mano, fue pasando entre la muchedumbre que se arremolinaba con matracas, mantas y tambores a esperar la llegada del candidato a la Presidencia de la República.

Sumiendo la panza y respirando con lentitud, nuestro engreído influyente mira por encima a todos los asistentes, midiendo las jerarquías y los niveles de las personas de su alrededor. En todo momento hacía relucir que se sentía importante y superior a los demás.

Desgraciadamente la política está infestada de estos personajes, que escalan posiciones, con tal de cada vez estar más cerca de las arcas del pueblo y del poder que les da el fácil acceso a los privilegios.

Tener acceso a los hombres más influyentes, es una suerte de deporte que se practica con destreza y habilidad entre esta casta de mexicanos engreídos. El llamar la atención y que el pueblo los admire y busquen para pedirles un favor, es parte de las artimañas que se tienen que desarrollar para desenvolverse con soltura, en los escenarios de la alta burocracia.

La sensación de falsa seguridad que emana de sus actitudes es parte de la actuación y el desempeño en este teatro del poder. Y los que son muy inseguros y con los sentimientos de inferioridad más marcados, son los que suelen ser más altivos y prepotentes. Porque en el fondo su inseguridad la encubren con muchas máscaras ante los demás.

Dicen que los perros más miedosos, son los más agresivos; así los que más exhiben su superioridad, son los que se sienten más vulnerables.

Por eso muchos son tan sinvergüenzas, porque sienten que tienen todo tipo de recursos y relaciones para protegerse y vivir blindados de que se les demuestren las fechorías que han hecho a lo largo de su trayectoria político-social.

Con una llamada pueden arreglar todo y seguir consiguiendo lo que les venga en gana. Están protegidos por otros de la misma calaña, que también se deben mutuos favores.

De aquí la importancia de que el ser del mexicano, no se sienta ni más ni menos que ningún otro.

Guillermo Dellamary

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