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Guillermo Dellamary
ABR 9 2017
Explorando el mundo

Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

Cómo reconstruir la relación con un hijo adicto

Es fácil decepcionarse, sentirse frustrado y desilusionado con un@ hij@ que ha caído en alguna adicción.

    Pero lo más importante es ya no mirar al pasado, sino empeñarse en ver el futuro. Y la verdad no he conocido mejor medicina que la cercanía y la confianza.

    Claro que es fundamental el diálogo y sobre todo escuchar, pero el afecto y el control emocional, juegan un papel curativo muy trascendente.

    Saberse controlar es un gran desarrollo en la personas que sufre de una frustración. Y en vez de manifestar la ira, la tristeza o el enojo, se trata de trasmutarlo a que se convierta en una fuerza “sanadora” que se traduzca en mejores actitudes.

    Especialmente al tomar las cosas con calma, no reprochar y regañar o tratar de eludir el problema con un grosero desdén.

    Por encima de todo es una oportunidad de reconciliarse con los hijos, de establecer una nueva relación con ellos, tratando de corregir los errores que se han cometido en el pasado. Y ya sabemos que esos tienen que ver con la falta de atención, dedicación y una convivencia segura, plena de confianza y cariño.

    El buen humor, la sencillez, el trato amigable y espontáneo obran maravillas, porque se hacen las cosas con naturalidad. Es dejar a un lado lo sucedido y sólo dedicarse a construir un porvenir más positivo.

    El papel que tenemos los padres es dar buen ejemplo, especialmente cuando nuestros hijos han cometido errores, aunque hayan sido graves. Lo mejor, es enseñarles a perdonar, a dejar de castigar, a juzgar por los defectos y las debilidades que tenemos en la vida.

    Cercanía no quiere decir estar encima, o forzar una falsa convivencia, sino estar dispuestos a reunirse lo más afectuosamente cuando ambos lleguen a un acuerdo. Es hacer sentir que hay disponibilidad y que se está decidido a dejar muchas importantes actividades, con tal de estar juntos haciendo algo interesante para los dos.

    Y cuando se reúnen, no hay que hablar de lo mismo, sino tener la apertura para sólo escuchar, sin tener que echar sermones, ni hacer prédicas moralistas y filosóficas.

    Se trata de pasar un rato agradable y muy edificante.

    No olvidar que la cercanía y la confianza son una gran medicina.

 

Guillermo Dellamary

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