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Eduardo Escoto
ABR 1 2017
Notas de paso

Por Eduardo Escoto escotorobledo@gmail.com

San Francisco

En los últimos días se ha debatido sobre las posibles afectaciones sufridas por el Templo de San Francisco tras los trabajos de reforzamiento previos al paso de la tuneladora empleada en la construcción de la nueva línea del Tren Ligero. Según las apreciaciones menos alentadoras, el edificio presentaría graves daños, aunque el pasado martes, especialistas del Instituto de Ingeniería de la UNAM insistieron en descartar que esté comprometida su estructura.

No es esta la primera desventura que sufre dicha iglesia, que junto con el cercano templo de Aranzazú formaban parte del más importante centro conventual de la ciudad, del cual no sobrevive ni la cuarta parte, ya que por cuestiones ideológicas el Estado comenzó a destruirlo innecesariamente tras su exclaustración en 1860.

Como en todo núcleo de actividad franciscana la actividad musical era destacada. Desde principios del siglo XVIII contaba con dos órganos de tipo barroco español, dispuestos en tribunas laterales ubicadas una frente a otra, para que pudieran tocarse de manera responsiva y ejecutarse obras a doble coro, situación que entonces sólo era también posible en la Catedral.

Estos instrumentos -según fray Luis del Refugio- fueron usados como combustible para las cocinas de las tropas liberales que ocuparon esta iglesia en la Guerra de Reforma. Cuando el edificio se abrió nuevamente al culto en 1862, los franciscanos buscaron dotarlo de otro órgano tubular, adquiriendo una más modesto, que se encontraba en el Templo del Carmen.

Aquel instrumento estuvo en uso hasta consumirse en el devastador incendio que sufrió el templo la noche del 14 de abril de 1936 y que por cierto, tenía toda la apariencia de haber sido intencional.

Volviendo a la polémica que se desarrolla al día de hoy, hay que recordar que el edificio, en cuanto a su constitución material, es propiedad federal y que lo tocante a su administración y gobierno interno es asunto de la Provincia de los Santos Francisco y Santiago de Jalisco y no de la Arquidiócesis de Guadalajara, como podría suponerse. Esto podría explicar las posturas tan distintas que se han manifestado en los últimos días, donde por un lado, el actual arzobispo de Guadalajara, cardenal Francisco Robles Ortega pide “no alarmar de más” y pone su confianza en las autoridades encargadas de la obra, mientras que el padre provincial, Juan Manuel Muñoz Curiel tiene el inmueble bajo supervisión constante de un equipo de especialistas que advierten de un “riesgo de colapso”.

Ojalá que el Templo de San Francisco salga bien librado de este nuevo trance, y que su valor cultural alcance a ser revalorado.

escotorobledo@gmail.com

Eduardo Escoto

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