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Juan Palomar Verea
MAR 31 2017
La ciudad y los días

Por Juan Palomar Verea jpalomar@informador.com.mx

La heroica jacaranda

En la esquina surponiente del crucero de las calles López Cotilla y Progreso sobrevive desde hace mucho más de medio siglo una jacaranda. Ahora es un muñón de jacaranda. Es un árbol ejemplar por su dedicación, resistencia y lealtad. Muchas veces ha sido mutilado, y otras tantas ha renacido y aún ha entregado su floración como mejor ha podido.

Resulta que arriba de su copa se instaló, mucho después que él, una línea de media tensión de la Comisión Federal de Electricidad. Desde entonces año con año se le ha salvajemente trasquilado, igual que a sus compañeros de calle. Para su peor suerte, enfrente está el consulado norteamericano, con todas sus paranoias y prepotencias. No es remoto, dado el ridículo y patético estado que tal institución impone a los fresnos públicos y municipales de la banqueta de López Cotilla, ya casi bonsáis, que las podas de la jacaranda tengan que ver con el “look” Beirut de la cuadra.

Bajo la mentada jacaranda se instala desde hace mucho, un señor que vende fruta. A la vera del árbol ha prosperado su honrado negocio. Se pensaría que, dada la sombra bienhechora que a tal señor comerciante le proporciona la jacaranda cuando la dejan, él sería el guardián, en nombre de todos, del sufrido “individuo forestal”. Pero seguramente sus esfuerzos son en vano, puesto que, vez tras vez se martiriza a la jacaranda, la que a resultas de tanta desgracia aparte ahora está muy chueca.

Por estos días el ayuntamiento arregla las cuadras de López Cotilla entre Lafayette/Chapultepec y Robles Gil. Loable esfuerzo. Menos loable ha sido el asesinato, a manos de una maquinota, de un fresno de más de 100 años cuyas raíces fueron cercenadas sin ninguna consideración (será sustituido por tres fresnos jóvenes de buena talla, cosa que es de agradecer al municipio). Por mientras, el monumental y bellísimo tocón del fresno espera sobre el pavimento ser trasladado al Parque de la Revolución para juego de los niños y mejor ornato de sus ámbitos, renovados no hace mucho. Las bonitas jardineras que ahora se instalan en López Cotilla deben de ser manejadas con mucho cuidado. Si se rellenan indiscriminadamente de tierra de campo se corre el riesgo de que muchos árboles se ahoguen y mueran a consecuencia del cambio de nivel del suelo del que se rodean. Pero esperemos que se tenga mucho cuidado.

Pero volvamos a la jacaranda mártir. Actualmente, dadas las intensas obras mencionadas, sufre fuertes embates. Sus raíces están de nuevo al aire, los cables que se entierran la sitian, el fragor del combate es intenso. Ojalá que, como tantas veces, la veterana heroína sepa aguantar el trote. Y que, finalmente, ya sin los cables nefastos, se la deje crecer como Dios manda. Será una gloria verla prosperar.

Cabe una mínima sugerencia. Que en los arduos presupuestos de los trabajos de la calle López Cotilla se incluya una minúscula partida. Será para poner una noble placa de piedra en la banqueta, cerca del tronco chueco de la jacaranda. Tendrá una inscripción: “La ciudad de Guadalajara rinde homenaje a este árbol, vencedor del maltrato y la incuria. Ejemplo de vida y perseverancia para todos los habitantes a los que regala su sombra, su oxígeno y su belleza. Los pájaros se unen al presente reconocimiento.”

Juan Palomar Verea

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