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Pablo Latapí
MAR 30 2017
Errante peregrino

Por Pablo Latapí platapi@hotmail.com

Soñar con la Renta Básica Universal

Es fascinante cuando aparece una nueva utopía. Como herederos de los sesenta y los setenta, y de las grandes utopías del Socialismo y su fase superior, el Comunismo, es una gran noticia que a estas alturas del siglo XXI, cuando lo predominante son el fastidio y la decepción, aparezca alguien con una idea de una sociedad ideal, y por lo tanto inexistente, como la que describió Tomás Moro en la isla de Utopía, y que dio origen al concepto.

Hace unos días tuvimos conocimiento del joven holandés, Rutger Bregman, quien ha publicado el libro “Utopía para Realistas”, que resulta un ejercicio muy interesante porque además de plantearnos una sociedad ideal hace una crítica contundente contra los gobiernos contemporáneos, contra los políticos (particularmente los de izquierda a quienes describe como alguien que lo único que sabe es a qué se opone) y concluye que todos aquellos que ocupan un cargo público son entes que buscan la forma de obtener mayores ingresos vía impuestos, para gastarlos en aquello que ellos creen que es lo que nos conviene o nos gusta, pero en realidad sin conocernos.

La utopía o sociedad ideal de Bregman parte de una premisa: la responsabilidad de un gobierno es otorgar a cada ciudadano (por el simple hecho de serlo y desde el día en que viene al mundo) una renta básica universal, consistente en una cantidad determinada de dinero para satisfacer sus necesidades y entonces poder pensar en otras cosas, y a partir de ahí dedicarse a hacer lo que le gusta y que obligadamente le habrá de redituar mejores ingresos.

Para fines prácticos creemos que el monto de esa renta en México oscilaría en los 15 mil pesos mensuales. Imagine a cada mexicano recibiendo de entrada esa cantidad. No duda nuestro amigo holandés que habría quien lo gastaría en alcohol y drogas, pero él asegura que serían los menos porque la mayoría, al ver satisfechas sus necesidades básicas, dejaría de laborar en lo que llama “empleos basura”, aquellos en que se hacen cosas inútiles, pero bien remuneradas (como informes que nadie leerá).

Abandonaríamos la sociedad de consumo, esa en que trabajamos para comprar cosas que ni nos gustan para impresionar a gente que ni nos cae bien.

¿De dónde saldría el dinero? De todo el presupuesto que el gobierno dejaría de gastar en las instituciones públicas para el bienestar y la educación (que no han conseguido), de las pensiones y del sueldo del ejército de burócratas que acompañan a esos programas fallidos. Una mucho mejor vida, para ellos y para el país, tendrán todos los que viven del presupuesto y que van diariamente a regañadientes a desempeñar un puesto que no les gusta, y ganando en la mayoría de los casos muy por debajo de lo que necesitan. En México quitaríamos además la costosa cuota de la corrupción que representa algo así como el 10 por ciento del Producto Interno Bruto.

Pienso por ejemplo en los cientos de madres que tienen que trabajar, o cargar con la responsabilidad de la familia; al recibir esa renta básica sería una especie de retribución por formar a sus hijos, y forzosamente lo harían bien, tendríamos mejores mexicanos,
Utopía, sí, pero fascinante, y pretexto para sanamente echar a andar la imaginación.

Pablo Latapí

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