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Jaime García Elías
MAR 30 2017
A propósito

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

* “Jugar bien”

La muletilla sigue vigente… Desde que Juan Carlos Osorio se hizo cargo de la Selección mexicana de futbol —una Selección que lo mismo en la “era” de Sven Goran Eriksson como en la de Chepo de la Torre como directores técnicos parecía más una ánima en pena que un equipo de futbol— se ha vuelto reiterativa la aseveración de que “ganó —como hace un par de días a Trinidad y Tobago, por ejemplo—… sin jugar bien”.

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La frase remite al viejo tema: ¿qué es jugar bien…?

A partir de que el único parámetro objetivo, en materia de futbol, son los resultados, parecería obvio que jugar bien consiste en hacer las cosas de tal manera que se gane lo más posible… y se pierda lo menos posible.

Aun considerando que ocasionalmente se ganan partidos merced a las genialidades de uno o varios jugadores, o se pierden a consecuencia de errores particularmente graves —lo que se interpreta como “accidente del futbol”—, se estima, en general, que un equipo juega bien cuando consigue una cantidad de oportunidades de gol —de llegadas claras, pues— mayor a las que tiene el adversario. Lo primero es sintomático de que se hicieron bien las cosas a la ofensiva; lo segundo, de que se hizo correctamente la tarea a la defensiva.

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Los números de Juan Carlos Osorio son, ya, rotundos: 16 victorias, tres empates y una derrota lo colocan como el técnico nacional más exitoso en la historia del futbol mexicano. Y aunque es indiscutible que las victorias se han conseguido, en general, ante rivales de medio pelo —en partidos “moleros” y ante los inevitables adversarios en la aún tercermundista área geográfica de la Concacaf—, y la derrota (ante Chile, en la Copa América Centenario) entró a la historia, ipso facto, como la mayor humillación sufrida por el futbol mexicano en la historia, es de elemental justicia reconocer que la exigencia de enfrentar a rivales de mayor alcurnia es una asignatura pendiente, y que habrá que esperar hasta la Copa Confederaciones, en junio próximo, para tener elementos de juicio que permitan una valoración más objetiva.

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Por lo pronto, si es cierto que los buenos resultados fortalecen la moral de los jugadores —como está probado que los malos la debilitan—, ya dirá el tiempo si el Tri está en vías de mejorar sus propias muestras históricas.

Jaime García Elías

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