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Guillermo Dellamary
MAR 30 2017
Misiva

Por Guillermo Dellamary delamar@yahoo.com

El “peladito” oculto

Ha causado impacto, en algunos de nuestros lectores, la revelación realizada en nuestra anterior columna,  en la que se señala que muchos mexicanos pretenden sentirse muy cultos, y en realidad sólo tratan de compensar su sentimiento de inferioridad y así simular ser más de lo que en realidad son.

Ciertamente no son cultos, sino que más bien imitan o compran cultura, para pretender serlos. “Aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. Lo corriente no se puede ocultar, las carencias están ahí.

Desde luego que no se trata de ofender a las personas o a las familias que padecen este extendido fenómeno cultural. Sólo lo estamos estudiando como parte de profundizar en la identidad del mexicano que es nuestro tema principal.

Ya la psicología ha estudiado la neurosis de clase, que es un síndrome de angustia social que implica sentirse menos y por ello dejar de disfrutar la vida, y en consecuencia proponerse escalar y demostrar que no se es inferior a nadie.

Pues ciertamente hay muchas personas que sufren de complejos sociales de inferioridad y se sienten menos, si no poseen ciertos bienes materiales, un buen apellido o pertenecer a un prestigiado club. Por eso, en siglos pasados muchos mexicanos ricos compraron sus títulos de nobleza e imitaron a las cortes europeas, para según ellos, estar a su nivel.

La cultura no se compra, se posee a base de varias generaciones atrás dedicándose al saber y a refinar las artes, las ciencias, los modales y la moral. Por lo tanto se aprende en casa, no sólo se obtiene en las aulas de clase o en los libros.

Hay muchas familias de escasos recursos muy cultas, en cambio hay multimillonarios que carecen de ella aunque vivan en preciosas mansiones; sus hábitos, lenguaje y formas de ser los delatan.

El “peladito” es una expresión que se ha utilizado en México, para describir a un niño corriente de la calle, que está rapado, es huérfano, deambula pidiendo limosna y hablando de una manera muy vulgar. Es el opuesto del niño bonito, bien vestido y lleno de atenciones, por un chofer y nanas que lo mantienen pulcro y aliñado, para agradar a sus padres y a la sociedad privilegiada en la que viven.

Una persona que no se siente segura en sí misma, y aun posee ese terrible complejo de inferioridad de clase social, y se encuentra atrapado en una neurosis, desde luego que buscará salir de ese cuadro, a base de una pertinaz lucha por aparentar ser más de lo que en realidad es. Tratará de simular y hacer creer que posee lo que en el fondo no tiene, o que sólo ha comprado con mucho esfuerzo.

Pero la mala noticia es que no lo va a lograr así, podrá presumir de que lee mucho, de que ha viajado, de que se roza con gente destacada, que ha asistido a buenas escuelas y universidades. De cualquier manera el “peladito” sigue estando allí.

La cultura no admite máscaras.

Guillermo Dellamary

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