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Jaime García Elías
MAR 28 2017
A propósito

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

* Perder puntos

Si los guardianes del Castillo de la Pureza en que parecen haberse erigido los dirigentes de la FIFA llevan hasta sus últimas consecuencias la guerra que han declarado al afán de los aficionados mexicanos a la que sólo sería una expresión estúpida si ellos no insistieran en tildarla de homofóbica, se corre el riesgo, en efecto, de que haya sanciones para el futbol mexicano en pleno y para la Selección Nacional muy particularmente…

En primera instancia, se trataría de vetar el Estadio Azteca y de condenar al Tri a jugar “a puerta cerrada” algunos partidos de la eliminatoria mundialista, como advertencia a los aficionados que habían institucionalizado ya la costumbre de proferir el grito, con la misma naturalidad con que se emite un “ole” en una plaza de toros, cuando el arquero hace un saque de meta. En caso de reincidencia, la sanción podría incrementarse y consistiría en la pérdida de puntos.

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Las campañas realizadas hasta ahora para tratar de disuadir esa conducta, han resultado estériles. De hecho, da la sensación (y, conociendo la idiosincrasia del mexicano, plasmada en que, como dice la canción, “Si se enojan porque te amo, / más adrede lo he de hacer”, la hipótesis parece plausible) de que tales campañas resultan contraproducentes.

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Será pertinente, en esa tesitura, que tanto los federativos como el técnico nacional, Juan Carlos Osorio, aleccionen a los seleccionados nacionales sobre la necesidad de hacer un presupuesto holgado de sus necesidades; que no se limiten a establecer la cuota de puntos necesaria para conseguir la clasificación al Mundial, sino que prevean el riesgo latente de que por esa tontería pudieran perder algunos puntos en la mesa.

Y todo, valga la reiteración, por el afán de mantener vigente una práctica que si en sus inicios quiso ser —sin lograrlo— una ocurrencia orientada a desconcentrar al adversario (como los aficionados que en el basquetbol intentan distraer al jugador que va a cobrar un tiro libre, o quienes en el béisbol tratan de influir a favor del bateador y en contra del lanzador valiéndose de gritos y movimientos), a fuerza de haberse vuelto repetitivas, rutinarias, previsibles y monótonas, sólo resultan fastidiosas.

Y lo peor del caso, como quedó evidenciado por la conducta de los aficionados que vinieron a México con la Selección de Costa Rica —y demostrado incluso en el Mundial de Brasil— es que el mal ejemplo cunde…

Jaime García Elías

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