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Jaime García Elías
MAR 16 2017
Entre veras y bromas

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

– “No se oye…”

Los programas gubernamentales de austeridad se parecen a los buenos propósitos de Año Nuevo –ponerse a dieta, por ejemplo– en que pocos de ellos duran más de 72 horas.

Botón de muestra, el anuncio que hizo el gobernador Aristóteles Sandoval, al principio del año, cuando el tema obligado de conversación –y de indignación generalizada– era el “gasolinazo”: su iniciativa orientada a reducir las prerrogativas económicas que por mandato de ley se conceden a los partidos políticos, en años no electorales.

-II-

La iniciativa tendería a sanear un tanto las finanzas públicas, habida cuenta de que acciones como el cese de burócratas resultan, a la hora de los mameyes, contraproducentes: al elevar su inconformidad ante las autoridades laborales –convenientemente asesorados por abogados que ven en el río revuelto la oportunidad de que se beneficien los pescadores–, consiguen laudos que condenan a las dependencias a pagar cuantiosas indemnizaciones, de donde resulta que termina saliendo más caro el caldo que las albóndigas.

La propuesta del gobernador estaría orientada a dar prioridad a las necesidades de los sectores de la sociedad más vulnerables y desamparados. Se trataría de reducir sensiblemente –y aun de cortar de tajo, idealmente– los recursos que se han convertido, en la práctica, en salarios y canonjías de los vividores que han convertido a los partidos políticos en agencias de colocaciones; de regresar –idealmente, también– a los tiempos en que los partidos vivían de las cuotas y aportaciones voluntarias de sus afiliados… y aun a la rifa de automóviles (en tiempos en que de la incorporación de un automóvil más al parque vehicular de la urbe podía aplicarse le frase publicitaria de la Fiat en Italia: “Uno un piu, che mai…!”: uno más, qué más da). Y se trataría, al final de la película, de que esos recursos –los 260 millones de pesos asignados para este año a los partidos políticos que operan en Jalisco– se aplicaran al “fondo de contingencia” del que hay necesidad de echar mano, por ejemplo, en los casos –indeseables, pero casi inevitables– de inundaciones, temblores y desastres y calamidades similares.

-III-

De ordinario, las iniciativas emanadas del Poder Ejecutivo suelen encontrar eco en el Legislativo…

Curiosamente, ahora que la iniciativa de referencia apunta, más que a los partidos, a las prebendas de quienes han hecho de su militancia en ellos su modus vivendi, resulta que –como en el cuento del sacristán que se robaba las limosnas– “¡no se oye, padre…!”.

Jaime García Elías

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