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Diego Petersen
MAR 15 2017
En tres patadas

Por Diego Petersen diego.petersen@informador.com.mx

Fotomultas: corrupción y perversión del objetivo

Las fotomultas levantan pasiones. Ayer sostuve buenos debates con lectores sobre el tema, dos de ellos con muy buenos argumentos: Gabriel Torres, director de Canal 44 y columnista de Milenio, y con Salvador Medina, economista y urbanista del Instituto de Políticas para el Transporte y Desarrollo, mejor conocido como ITDP por sus siglas en inglés.

El punto central de la discusión es si las fotomultas se han convertido en un instrumento recaudatorio. Ambos señalan, con razón, que la forma en que tanto el Gobierno de la Ciudad de México como el del Estado de Jalisco han implementado la política de fotoinfracción pervierte el objetivo, pues en los contratos la empresa prestadora del servicio se establecen mínimos estimados sobre los que se construye la fórmula de ingreso de la prestadora y porque, a fin de cuentas, ambos, empresa y Gobierno se benefician del ese contrato. El incentivo es multar más, recaudar más y no reducir la velocidad, dicen.

Estando de acuerdo en que las multas aumentan los ingresos y que no siempre por no decir nunca es transparente a qué se destinan los montos recaudados, me parece que satanizar a la fotomulta por recaudatoria desvía la atención. Los ingresos de cualquier gobierno vienen de cuatro vías: impuestos, derechos y aprovechamientos, empresas y, finalmente, multas y sanciones. Las multas representan siempre el menor de los ingresos y son por definición imprevisibles. En Jalisco o en la Ciudad de México las fotomultas no llegan al 0.02 por ciento de sus ingresos totales. Las compañías que prestan el servicio y los gobiernos pueden establecer un ingreso probable con base en el comportamiento del universo en otros años, pero si de un día para otro, como por arte de magia o de la rosa de Guadalupe, los mexicanos decidimos manejar como debemos, el ingreso y el negocio desaparecen.  Esto es, lo que hay que combatir es la corrupción, sea en la infracción presencial del agente en la vía pública o por fotomulta, y lo que hay que alentar es el incremento de la tecnología en la seguridad vial.

En un artículo publicado en Nexos, el mismo Salvador Medina demuestra cómo a partir de los 55 kilómetros por hora la letalidad en los accidentes vehículo-peatón se incrementa exponencialmente. Mientras que conduciendo a 50 el índice de letalidad estimado es de 8%, a 80 kilómetros es 50 por ciento (http://labrujula.nexos.com.mx/?p=655). Reducir la velocidad de conducción debe ser la prioridad y la fotoinfracción es sin duda la mejor herramienta para ello. Si funcionarios de gobierno y empresarios pervierten el objetivo o incluso caen en la corrupción, combatámoslos a ellos.

Diego Petersen

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