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Francisco Baruqui
MAR 13 2017
Y… pensándolo bien

Por Francisco Baruqui francisco@baruqui.com

La re… unión

Usted, amable lector, como yo y tanta gente, habrá escuchado que de realizarse las elecciones presidenciales en México ahora, el triunfo se lo llevaría López Obrador con su Morena, que viendo la desbandada perredista que se le está afiliando con sentido oportunista, bien podrá considerarse ya “morenaza”, como afrenta política al Partido de la Revolución Democrática, cuyo emblemático sol, entre conveniencias personales y puñaladas traperas, se mira muy apagado.

Sin embargo, con tiempo amplio por delante, y con antecedentes que deben tomarse en cuenta, el panorama puede irse transformando aunque aparentemente el resto de partidos, por ahora, parezcan estar adormilados.

Escribo esto, toda vez que, aunque todavía por debajo, hay movimientos que darán señales cuando por venir están comicios importantes, con trascendencia e impacto políticos como en los que combatirán con todo por el Estado de México, en el que los nombres de Josefina Vázquez Mota y Alfredo del Mazo darán la pelea con apoyo tanto del blanquiazul por la inteligente fémina, como el tricolor por el político con ascendencia, como por otros lados,  Delfina Gómez, de Morena y Juan Zepeda por la coalición del perredismo y el PT.

La fuerza que puede dar la unión interna partidista será relevante. Sobradamente significativa es la que se está reflejando en el entorno de Vázquez Mota, cuando el potencial de grupos de influencia del PAN, están proyectándola desde la misma Margarita Zavala, Felipe Calderón, Fernández de Cevallos y hasta el mismo Anaya, quienes hicieron acto de presencia en el arranque de la campaña, dando una imagen positiva de convencimiento y unión con grandes posibilidades de triunfo.

Un panorama distinto, contrastantemente diferente al que se dio allá en 2012, que mejor pareció una lucha campal que indudablemente más perjuicios que beneficios dejó.

Hoy, con un PRI en el poder que ha decepcionado a una ciudadanía que creyó en él y su candidato Peña Nieto, esperando que volviendo a Los Pinos la grave, muy grave problemática nacional se resolvería ante una serie de promesas y compromisos que no se asumieron ni se pudieron cumplir; con una imagen presidencial deteriorada, muy deteriorada, la peor que un Presidente postrevolucionario haya tenido, desenvolviéndose el país en un clima de corrupción y con unas perspectivas de incertidumbre y desconfianza, la situación para el tricolor es de alta, muy alta preocupación, empero…

Empero, con todo y por todo, tampoco debe pensarse que el priismo entregará el poder “así… como así”.  La experiencia, con todo lo malo que detrás de ella tenga, le da una proyección política que le obligará a dar la cara y presentar pelea.

Ciertamente que tendrá que “hilar muy fino” en la selección de su candidato.  Uno que pueda inspirar más confiabilidad que desconfianza, y aceptando alianzas y coaliciones que puedan derivar en fortaleza y pujanza cuando el combate, se lo aseguro, será a por todo y con todo.
Políticamente en el hoy, visto lo visto y ante todo lo sucedido, acontecido y padecido, las perspectivas no pueden ser de optimismo, dentro de una tempestad que para muchos puede ser “la tormenta perfecta” en la que el barco navega sin rumbo y con el timón dañado, muy dañado.

Los resentimientos ciudadanos contra los partidos políticos son grandes, profundos, muchos inmersos en un odio al gremio político que hace verlo con desprecio y con rechazo cuando el prestigio de sus personajes y componentes está, no se duda… por los suelos, pero...

Pero, con todo y por todo, la democracia, en su esencia y fondo, hace a los partidos políticos necesarios por su estructura misma, aunque exista el repudio por sus malas conductas y las de su gente.

Y…  PENSÁNDOLO BIEN.

Y…  PENSÁNDOLO BIEN, lo peor que puede suceder es que el odio visceral provoque ceguera que permita escuchar el “canto de las sirenas” de otros políticos, que ostentándose como paladines de la honradez y de la determinación, hagan creer que poseedores de la varita de la virtud, subiendo al poder harán cambiar todo con más promesas que planes; con más compromisos de palabra que proyectos bien fundamentados, volviéndose, al paso del tiempo a caer en lo mismo de lo mismo.

En lo mismo, sí, cuando aquello del juramento de que “La Nación se lo demande…”, parece ser letra muerta…  Cosa del pasado y…  y del olvido.

Francisco Baruqui

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