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Luis Ernesto Salomón
MAR 12 2017
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Por Luis Ernesto Salomón luisernestosalomon@gmail.com

La posición de México

En términos estratégicos nuestro país se enfrenta a un cambio de reglas comerciales, económicas y políticas. El mundo asiste también a esta nueva etapa, pero a México le ha correspondido asumirse como la nación quizá más agraviada directamente. Ni el mundo, con sus instituciones internacionales, ni los países estaban preparados para un planteamiento así. En eso quizá radica la mayor dificultad, porque el sentido del cambio radica en revisar la política norteamericana surgida a partir de 1919, cuando el presidente Wilson se propuso impulsar en el orbe un liberalismo internacional que respaldara la seguridad colectiva y la promoción de los mercados libres entre las democracias, que el final de cuentas se articulaban por instituciones internacionales que dependían en última instancia de la fuerza de los Estados Unidos.

Primero en la Liga de las Naciones y luego en las Naciones Unidas. La promoción de este orden internacional ha contado con el respaldo militar en el Atlántico con la OTAN y luego en el Pacífico con los acuerdos con Japón y China, que han propiciado el crecimiento del comercio con certidumbre. A la par del impulso a los mecanismos financieros materializados con organizaciones como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio. Este es el esquema de instituciones y reglas que parece estar dispuesto a cambiar la nueva administración de Estados Unidos.

El desdén a la ONU, a la OTAN y a la Comunidad Europea, el impulso al proteccionismo, como el rechazo de la apertura económica, como la visión lejana de la protección al cambio climático, son las manifestaciones más visibles desde el exterior. Pero también en la política interior hay cambios profundos, como la política migratoria o las propuestas de cambios fiscales.

México se ha convertido en pocos meses en el símbolo de la mayor afectación económica, social y política de la propuesta de cambio de reglas. La variación desde los mejores aliados vecinos y socios comerciales, se ha transformado en la de una nación que recibe agresiones a sus ciudadanos emigrados, y que ve amenazadas sus relaciones económicas con la mayor potencia. Que repentinamente recibe una presión política enorme para fortalecer sus instituciones a fin de garantizar los principios del Estado de derecho, debilitados por el tráfico ilegal de drogas, armas y personas entre las dos naciones.

Con elecciones presidenciales previstas para el 3 de junio de 2018, México asumirá una negociación de la relación con Estados Unidos en una situación de potencial división y debilidad del Gobierno. Ante eso, nuestra posición no puede ser de debilidad o timidez. El planteamiento de una negociación integral implica un grado de complejidad que potencialmente podría dar un resultado completo para fines de este año. Pero al parecer nuestra contraparte no piensa lo mismo, ya que han expresado que la negociación podría culminar a fines de 2018. Con un nuevo Presidente en México y con nuevos Representantes y senadores en Estados Unidos, que lucharán en campañas políticas con los temas de la negociación en la mano.

Tanto aquí, como allá. En realidad es muy difícil saber si el cambio de reglas propuesto alcanzará el orden mundial en el corto plazo, o si las instituciones internacionales resistirán u otros bloques asumirán el liderazgo del liberalismo internacional basado en la democracia. O se trata sólo de una jugada de efecto sacudida para fortalecer el status quo con ventajas marginales para los americanos. Pero lo que es claro es que para México la sola propuesta ha cimbrado nuestra posición, impulsándonos a tener una mucha mayor actividad internacional; a actuar con mayor fuerza en la defensa de los mexicanos en el exterior, y en la búsqueda de más mercados y relaciones económicas.

También ha significado un parteaguas para identificar mejor a nuestros aliados, amigos, adversarios y enemigos en Estados Unidos y en el mundo. Al mismo tiempo que se requiere de más México en el mundo, es necesario implementar medidas políticas para evitar que los temas estratégicos como la seguridad nacional, las negociaciones geopolíticas y las negociaciones económicas de gran calado se contaminen de la lucha partidista de la elección presidencial.

Todo indica que puede haber un periodo de estira y afloja, largo, y que puede ir tomando distintos temas, como comenzó con el azúcar o la lucha contra el lavado de dinero o el control de las fronteras mexicanas del Sur. Sea como sea, el proceso será expuesto y largo, con la presión más fuerte para los nuestros, por lo que es necesaria la fuerza de la unidad.

Luis Ernesto Salomón

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