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Armando González Escoto
MAR 12 2017
Los colores del tiempo

Por Armando González Escoto armando.gon@univa.mx

¿La amenaza china?

Con frecuencia se oye decir que China representa una amenaza para México, lo cual nos lleva a preguntar ¿cómo puede ser un país amenaza para otro? Desde luego por muchas razones: expansionismo territorial, riesgo sanitario, manipulación política, agresividad comercial o bélica, pero también cuando una determinada nación muestra que sí se pueden lograr grandes metas, lo que en otras no.

Justamente la comparación es odiosa porque suele exhibir las debilidades de una de las partes, frente a las fortalezas de la otra. En este sentido los mexicanos harán bien en no mirar a China, pues eso no haría sino incrementar su frustración al comparar aquel extraordinario país con nuestras endémicas y epidémicas frustraciones.

Aun así hagamos el intento. Prácticamente al mismo tiempo China y México entraron en procesos revolucionarios con el fin de derrocar regímenes obsoletos. En el país asiático la turbulencia se extendió por mucho más tiempo, pero cien años después resulta que China ha vuelto a ser una gran potencia mundial, y México sigue hundido en la impotencia. En otras palabras, los regímenes emanados de dichas revoluciones fueron de un talante bastante distinto.

China en los últimos cincuenta años ha sostenido un proyecto de crecimiento y desarrollo cada vez más atingente, de mirada originalmente local, luego regional, después continental y ahora de impacto global. Nada que ver con la mirada miope y bizca de nuestros gobernantes que solamente han visto hacia el norte y no precisamente para el bien de la nación.

El empresariado mexicano tradicional consideró y sigue considerando que la cercanía fronteriza, léase Estados Unidos, es una ventaja incomparable e insustituible. Para China no ha habido frontera lejana, el mundo es su frontera cercana, incomparable e insustituible, y gracias a esa visión hoy día controla puertos de la mayor importancia en los cinco continentes del planeta.

En el justamente llamado “gigante asiático” la burocracia es densa, pesada y no exenta de corrupción, pero allá el que la hace la paga y la paga incluso con pena de muerte. Por otra parte, en gracia de su sistema no tiran toneladas de dinero en recurrentes campañas de partidos políticos que solamente sirven para turnar beneficiarios en ese baile de la silla que cada tres y seis años ocurre en México. Por si fuera poco, el porcentaje de funcionarios chinos ineptos en cargo es verdaderamente insignificante, justo lo contrario a lo que sucede en nuestro país.

No ignoro todo cuanto hoy día se dice acerca de las graves afectaciones que el mercado chino ha producido en diversos ramos productivos mexicanos así como de la calidad deficiente o muy breve de muchos de sus productos, pero ¿acaso China, su mercado y sus productos entran a México sin la connivencia de ciudadanos y autoridades nacionales? ¿No ha sido la propia autoridad la que en ocasiones ha comprado barato en China para vender caro en México?

Finalmente debemos considerar que en efecto China sí es una amenaza, pero sobre todo lo es para los gobiernos mediocres que comparados con los grandes logros alcanzados por las autoridades chinas, en tan poco tiempo y con tan pocos discursos, pueden tambalearse y hasta caer.

 

armando.gon@univa.mx

 

Armando González Escoto

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