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Pablo Latapí
MAR 9 2017
Errante peregrino

Por Pablo Latapí platapi@hotmail.com

Corrupción que Pega sin Ruido

Economistas de todo el país están de acuerdo en la dificultad para cuantificar la corrupción en México. Esto a pesar de que es nuestra maldición y la causa de la mayoría de nuestros males. Dado que no existen constancias ni recibos, no podemos saber exactamente a cuánto asciende el monto de lo que indebidamente va a parar a los bolsillos de los funcionarios públicos. Aproximaciones más o menos correctas apuntan que la corrupción le cuesta a México cerca de 10% del Producto Interno Bruto. Una barbaridad.

Y dada esta dificultad, cuando se trata de medir la corrupción se habla de “percepción” de la población, donde por cierto nuestra clase política está definitivamente reprobada.

Pero a la par de la corrupción “en metálico”, la que entendemos se va en moches, comisiones, favores, adquisiciones, contratos, etc., corre la otra parte de la corrupción que quizás no sea tan onerosa en términos de dinero, pero que definitivamente es mucho más costosa.

Hablamos de las acciones y estrategias que siguen funcionarios para hacer que la corrupción parezca algo legal; blindar los abusos y las sustracciones del presupuesto para que difícilmente puedan ser juzgados como un robo.

Cuesta trabajo imaginar todo ese tiempo, las “horas funcionario”, el talento, que se dedican a buscar esos caminos, tiempo que se paga con nuestros impuestos y que deja de aplicarse en las tareas propias del funcionario.

El caso del joven político David Korenfeld me parece muy ilustrativo: la hábil forma en que destinó recursos públicos en beneficio personal haciéndolo de tal manera que todo pareciera legal.

Este joven político, amigo del Presidente Peña y que desempeñó varios cargos desde presidente municipal en el Estado de México hasta director de la Comisión Nacional del Agua, fue exhibido primeramente por utilizar un helicóptero oficial para ser recogido con su familia en el patio de su casa (vive en un club de golf) y ser trasladado al aeropuerto para después iniciar un viaje de descanso. Nos enteramos porque fue exhibido por un vecino que lo fotografió, pero no hay forma de demostrar que hiciera algo estrictamente ilegal; tendría muchos argumentos para defenderse.

Y recientemente salió a la luz una nueva maniobra: contratos millonarios a una universidad israelí a cambio de obtener un doctorado honoris causa y el nombramiento como presidente del Consejo Directivo del Centro Internacional del Agua de esta universidad. Apapachos al ego.

Bien visto, desde el punto de vista de leyes y reglamentos no hay nada ilegal en el actuar del joven Korenfeld, nada, aunque ambos actos sean indebidos y abusos para el proceder de un funcionario.

Imaginemos ahora el tiempo y recursos oficiales que él y su gente dedicaron a planear estas acciones para que estuviesen blindadas y lejos de parecer ilegalidades. Obviamente son tiempo y recursos que no se dedicaron a las tareas que como funcionario público tenía encomendadas.

Esa es la otra corrupción: el costo enorme que tiene la planeación y ejecución de las estrategias y argucias para abusar del cargo y del presupuesto público “legalmente”. Son todo el tiempo y recursos que ya no se dedicaron a tareas fundamentales como combatir la pobreza, educar mejor, aplicar el Estado de derecho, en fin.

Así de simple, y así de costoso para el país.

Pablo Latapí

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