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Javier Hurtado
MAR 4 2017
El zoon politikon

Por Javier Hurtado docjhurtado@hotmail.com

Los ex presidentes y su pensión

En nuestro país, ser Presidente de la República es un privilegio que dura seis años y una vergüenza de toda la vida. Ser ex presidente seguramente debe ser sumamente incómodo: algunos viven en el anonimato; otros de plano han optado por fijar su residencia fuera del país. Los más osados dan declaraciones en medios de comunicación. Sin embargo, a ninguno se le ve haciendo vida normal: parecieran delincuentes que viven de incógnito. Que se recuerde, el último ex presidente de los tiempos recientes que se le podía ver caminando solo por las calles, o acompañado de su esposa, fue a Miguel de la Madrid (yo lo vi).

John Quincy Adams, presidente de los Estados Unidos (EU) de 1825 a 1829, decía: “No hay nada más patético en la vida que un ex presidente”. Como en su tiempo no había pensiones para los que dejaran ese cargo, durante 17 años fue representante al Congreso de su país, hasta su muerte. Y, Ulises S. Grant presidente de EU de 1869 a 1877, en su lecho de muerte escribió sus memorias, para salvar a su familia de la ruina financiera. Por esto, los norteamericanos inventaron las pensiones presidenciales, que, regidas por la Ley del Ex Presidente de 1958, los provee del sueldo de un ministro (205 mil 700 dólares al año), oficina, personal de apoyo, viajes y agentes del Servicio Secreto; y —siguiendo el ejemplo de Grant— escriben sus memorias para obtener ingresos: Bill Clinton las vendió en 15 millones de dólares y Barack Obama acaba de hacerlo por 61.

El problema de México con sus ex presidentes es que no existe nada que dé sustento legal a la pensión que reciben, ni al personal militar y administrativo que los apoya. Sin embargo, el problema de fondo es que el país los condena al ostracismo y no ha sabido qué hacer con sus ex presidentes: Francia aprovecha su experiencia al convertirlos en miembros vitalicios del Consejo Constitucional. ¿Por qué el Estado mexicano no aprovecha su experiencia evitando que se sirvan de ella compañías trasnacionales o universidades extranjeras?

El pasado 27 de febrero, Felipe Calderón decidió donar su pensión como ex presidente a una Asociación Civil para niños con cáncer. En la carta que dirige a su presidenta, dice: “En lo personal, la he recibido porque nunca robé…”. Si la pensión fuera para los que nunca hubieran robado, no habría pensión para ex presidentes; y los que no la reciben, no necesariamente son rateros; y además quiere decir que como ya robó, ya no la necesita. Si tan digno es ¿por qué no renuncia también al personal militar y administrativo que lo apoya, que es más costoso que la pensión? Lo hecho, parece más acto de campaña para su esposa que ejercicio de conciencia.

México no es el único país del mundo que paga pensiones a sus ex presidentes, ni el que las tiene más altas. Las de Echeverría y Fox equivalen a 10 mil 250 dólares mensuales. En los EU asciende a 17 mil 083 dólares mensuales y en Chile a 13 mil 871. En el Congreso de los EU acaba de ingresar una iniciativa para eliminar gastos de oficina y viajes a ex presidentes con ingresos propios de más de 600 mil dólares al año.

En México, ¿Hasta cuándo cambiará la percepción que tenemos de los ex presidentes y se regulará la pensión y apoyos que reciben?

Javier Hurtado

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