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El Informador
MAR 4 2017
Columnas

Por El Informador opinion@informador.com.mx

Debilidad institucional, mal mayor

• Esta semana
• Razón y Acción.com.mx opina

Ante las amenazas de cambios en la política de Estados Unidos hacia México y lo que deriva de ellas, podemos seguir lamiéndonos las heridas todo el tiempo que queramos, sin embargo, eso no cambiará nuestra situación, no generará nuevas oportunidades para la población, ni nos hará mejores ciudadanos.

Bien dicen los chinos que amenaza significa oportunidad y más allá de ser idealistas, tenemos la tarea de convertir estos difíciles momentos en oportunidades de hacer lo que no hemos hecho hasta ahora.

Quizás en el campo que más hemos fallado por décadas como país es en fortalecimiento de nuestras instituciones, lo cual no significa hacer parecer más fuerte al Gobierno federal y sus dependencias, o más presente al Ejército en las calles, más bien quiere decir fortalecer el Estado de Derecho y todo lo que de él deriva.

Con un Estado de Derecho fuerte y un sólido aparato de justicia que la aplique, se reduce la incertidumbre ya que se pueden prever las consecuencias de los actos; sin esto todo queda a expensas del influyentismo, la corrupción y todas las anomalías a las que tristemente estamos acostumbrados.

Sabemos que el Estado de Derecho y las instituciones no se fortalecen por decreto, ni a base de discursos. Se fortalecen aplicando la ley con fuerza, denunciando y rechazando la corrupción, no colaborando con el crimen organizado y asumiendo toda la población, empezando por los servidores públicos, legisladores, funcionarios partidistas y un larguísimo etcétera, un comportamiento responsable que cumpla cabalmente con las leyes correspondientes.

Lo grave no es lo lejos que estamos de éste ideal, sino que quien hoy tiene mayor reconocimiento popular para poder llegar a la Presidencia de la República en 2018 sea el mismo que hace unos años se hizo famoso por querer “mandar al diablo a las instituciones”.

Si la presión de Estados Unidos no nos hace reaccionar para hacer las tareas que nos corresponden y tomamos el camino opuesto, las consecuencias serán devastadoras. El tiempo lo dirá.

ATALAYA
El ministerio del miedo

Un selecto grupo de antiguos y destacados funcionarios diplomáticos de Estados Unidos, publicó una carta abierta en la que señalaron con toda claridad y objetividad, las bondades y la realidad de la diplomacia en general y en especial la de ese país en el mundo a partir del final de la Segunda Guerra Mundial, señalando que en esos más de 70 años, el mundo no había recurrido a una guerra tan devastadora, si bien es cierto que han existido múltiples conflictos locales, pero que gracias a esa diplomacia seria y muy capacitada se había superado la tan conocida Guerra Fría entre los bloques democrático y totalitario de la segunda mitad del siglo pasado. Mostraron igualmente su preocupación por la trivialidad y la falta de interés en las relaciones internacionales que ha mostrado el Gobierno de Trump y sus secuaces enquistados en la Casa Blanca, que seguramente y de seguir así provocará más problemas que pueden conducir al mundo a situaciones catastróficas no imaginadas en este momento; enfatizando el papel de ese país como adalid de la civilización occidental y los valores democráticos y los derechos humanos que deben prevalecer. Al parecer Trump no da ningún valor a la diplomacia internacional pues como lo señaló en su discurso ante el Congreso norteamericano, no le interesa ser el líder del mundo, sino únicamente el de su propio país, sin reflexionar que ese aislacionismo ya superado y pernicioso, es precisamente la actitud que puede desbalancear el precario equilibrio en el mundo, ya ha anunciado una disminución substancial del presupuesto de su Secretaría de Estado, presagio nada halagüeño, junto con sus demás amenazas contra inmigrantes y empresas extranjeras.

Por Sergio López Rivera

FILOSOFÍA COTIDIANA
Buenos lugares y similares personas

Narra un antiguo cuento árabe, sobre la ocasión en la cual, encontrándose un anciano descansando, a la vera de una fuente —ubicada en la confluencia de caminos, que señalan la entrada a una población— llega un joven, toma agua, se asea y pregunta al viejecito: — “¿Qué clase de personas hay en este pueblo?” El anciano le responde a su vez, con otra pregunta: — “¿Qué clase de gente había en el lugar de donde tú vienes?” — “Oh, gente de lo peor” —replicó el joven— “…estoy encantado de haberme ido de allí”. A lo cual el anciano comentó: — “Lo mismo habrás de encontrar aquí”. Y el joven sigue su camino, sin siquiera ingresar al pueblo. Ese mismo día, otro joven se acercó a beber agua en la fuente, y viendo al anciano, le preguntó: — “¿Qué clase de personas viven en este lugar?” El viejo respondió con la misma pregunta: — “¿Qué clase de personas viven en el lugar de donde tú vienes?” — “Un magnífico grupo de personas, honestas, amigables, hospitalarias, me duele mucho haberlos dejado…” — “Lo mismo encontraras tú aquí”, respondió el anciano. Un hombre que había escuchado ambas conversaciones le preguntó al viejo: — “¿Cómo es posible dar dos respuestas tan diferentes a la misma pregunta?” A lo cual, el viejo contestó: — “Cada uno lleva en su corazón el medio ambiente donde vive. Aquél que no encontró nada bueno en los lugares donde estuvo, no podrá encontrar otra cosa aquí. Aquél que supo hacer amigos allá, podrá encontrar amigos acá; porque a decir verdad, tu actitud mental, es lo único en la vida sobre lo cual puedes tener control absoluto”. Por motivos de mi trabajo, he tenido la ocasión de vivir en 7 entidades de la República (tres de ellas, en dos diferentes etapas), y en todas y cada una, me precio de haber encontrado gente que, aún a la fecha, me honra con su amistad. Ciudades y personas de muy gratos recuerdos; tiempo y circunstancias que me han permitido aprender y disfrutar de su calidez, solidaridad y noble afán por el mutuo aprecio. Buenos lugares y mucho mejores personas…

Por Uriel Eduardo Santana Soltero

MERCADOTECNIA
Controversias

El presidente Trump anuncia su propósito de incrementar el gasto en materia armada y ratifica el referente al muro fronterizo con México. A su vez se vislumbran desacuerdos en cuanto al Tratado de Libre Comercio con aplicación de descuentos a las empresas residentes en USA y sanciones para aquellas instaladas en el extranjero; Y expone diferencias sobre la libertad de expresión a través de los medios masivos de comunicación Ni que hablar de remesas por parte de trabajadores mexicanos hacia nuestro país. La preocupación en cuanto a lo económico persiste respecto a la paridad y sus efectos para la economía, principalmente sobre familias y poblaciones de recursos mínimos esperando soluciones efectivas procedentes de medidas conciliatorias. Dios nos guarde de la discordia. Correo electrónico sicpm@informador.com.mx

Por Carlos Cortés Vázquez

REGIONES
Avidez de certezas

Normalización de la irregularidad política que en el discurso de los medios masivos de comunicación ha estado adoptando el término pos verdad, incluido en los diccionarios Oxford, hace evidente un contraste entre dos épocas: la época del racionalismo y la de las falsedades presentadas como verdades. Las creencias que se edifican con una y otra base, hacen evidente el contraste entre objetividad y subjetividad en la definición de las creencias, que enmarca las visiones del mundo desde las que les damos sentido a casi todo en la vida. Honestidad y verdad, frente “al arte de la mentira” de los “políticos mentirosos”, destacan en la esfera de la pos verdad. Sobre todo ante la tendencia a la propagación de mentiras que sobresignifican y escenifican “otras verdades” en acción, que está teniendo tanto éxito manipulando la credibilidad de las personas. Ante esta fabricación intencional de mentiras, claro que es importante simplemente destacar lo que es objetivamente real y verdadero. Pero además es importante entender y desmitificar esa reducción de la realidad, no sólo porque reduce problemas y soluciones a “soluciones únicas” imposibles; sino porque también propala ser “la única voz” del pueblo, la mayoría y la verdad, falsedad con que se tergiversa la avidez de certezas que tanto mueve al sentido común.

Por Margarita Camarena Luhrs

El Informador

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