Guadalajara, Jalisco

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Jaime García Elías
MAR 3 2017
Entre veras y bromas

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

– Traer ángeles

Ahora que las honorables neuronas de los no menos honorables integrantes del igualmente honorable Ayuntamiento de Guadalajara han dedicado algunas horas de sus portentosas machincuepas a discutir, a la manera de Micifuz y Zafirón, si sería pertinente o no instalar varias baterías de sanitarios móviles en otros tantos puntos estratégicos del Centro de la ciudad, viene a la memoria el recuerdo de un funcionario que de manera efímera ejerció como Jefe del Departamento de Tránsito, antes de que esa corporación trocara su pueblerina denominación por la bastante más metropolitana de Secretaría de Movilidad…

Un buen día, aquel buen hombre (“de cuyo nombre –como en El Quijote— no tiene caso acordarse”) anunció, con bombo y platillo, que acabaría para siempre con la corrupción en esa  dependencia.

Alguno de los circunstantes replicó, de bote-pronto, con una pregunta:

–¿Y qué piensa hacer para lograrlo…? ¿Poner ángeles a bordo de las motocicletas, o desterrar a los tapatíos y sustituirlos por marcianos…?

El funcionario no se dignó responder. Probablemente se sintió ofendido. Quizá interpretó la réplica como un chiste de mal gusto… Lo cierto es que en su ejercicio no se consiguió ese objetivo. (Y, al decir de los malpensados, en los subsiguientes tampoco).

-II-

Por supuesto, tienen razón los regidores –honorables, reiterémoslo— que objetan el proyecto…

El edil panista Alfonso Petersen, particularmente, lanza al viento la invitación: “Imaginemos el impacto que esto va a tener en lo visual y, por qué no decirlo, en lo olfativo”… Porque se trata de un caballero de pies a cabeza, sería ofensivo –o de mal gusto, al menos— corresponder a su invitación con otra: recorrer, por las noches, de manera aleatoria, sin agenda previa (un lunes a primera hora, por ejemplo, después de la nutrida concurrencia dominical a los jardines y parques del pomposamente denominado “Centro Histórico”),  algunas calles de la ciudad. Por respeto al café matutino del lector amable, será preferible obviar detalles y pormenores de los que suelen ser testigos los madrugadores…

-III-

El caso es que la instalación de ese tipo de mobiliario –que, en cualquier caso, por cuestiones de carácter “cultural” será insuficiente— es una necesidad; es algo que existe aun en las ciudades más civilizadas del mundo (Amsterdam, Oslo, París, Roma…); y es algo que sólo podría evitarse si el buen Dios elevara a los tapatíos –catálogos ambulantes de cualidades, atributos y virtudes, ciertamente— al rango de ángeles (espíritus puros, según la teología) que por ahora no alcanzan todavía.

Jaime García Elías

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