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Pablo Latapí
MAR 2 2017
Errante peregrino

Por Pablo Latapí platapi@hotmail.com

Trump, el Tiburoncito y las Sanguijuelas

Desde hace algún tiempo en distintas reuniones a las que he tenido la oportunidad de asistir el tema recurrente es Donald Trump y qué tanto daño le está haciendo a México con sus desplantes, sus amenazas y sus tuits. Hay gran preocupación.

Y hace poco, en una de estas reuniones con empresarios en León, Guanajuato, escuché a uno de ellos contar una historia que me gustaría compartir en estas páginas.

Contaba este amigo empresario que en Japón son auténticos fanáticos por comer el pescado lo más fresco posible. Es más, casi piden que se los maten en la mesa para tener la certeza de que está fresco.

La razón es porque ese pescado recién salido del mar tiene un sabor especial que los japoneses conocen y valoran.

La pesca exhaustiva en las costas japonesas ha provocado que los peces empiecen a escasear y por tanto los barcos pesqueros tienen que ir cada vez más lejos, mar adentro, para poder pescar. Esto conlleva un problema: se vuelve más largo y tardado el traslado de los pescados y ya no están llegando tan frescos a las mesas.

Optaron entonces por instalar muy cerca de la costa jaulas gigantescas sumergidas donde crían los peces. Esto garantiza la frescura.

Pero surgió otro problema: como los peces en esas granjas se dedican únicamente a nadar y comer, sin mayor preocupación, de alguna forma se han “aburguesado”, ya no tienen que luchar por sobrevivir como lo harían en mar abierto, les falta “acción”, y eso repercute en el sabor. Estos peces engordados en granja no saben igual.

Ingeniosa la solución que idearon los japoneses: arrojar en cada una de estas jaulas un tiburoncito vivo que se alimenta precisamente de esos peces. Se come algunos, es cierto, pero hace reaccionar a los demás, les provoca estrés porque entienden que hay que estar a las vivas, y eso ha provocado que el sabor “natural” vuelva a estos peces.

Los japoneses están felices por el sabor.

Y nuestro amigo empresario contaba esta historia a manera de reflexión sobre el hecho de que quizás la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos pueda ser ese tiburoncito que como mexicanos necesitábamos para reaccionar como sociedad y como país.

Hasta hoy hemos sobrevivido y nos hemos acostumbrado ya a las sanguijuelas que nos chupan la sangre todos los días, nuestra corrupta clase política, y al final los hemos tolerado, viven a sus anchas, y no hemos reaccionado. No habíamos vivido un estrés tan dinámico y activo como el que nos provoca Trump. Esa puede ser la oportunidad para reaccionar.

Me gustó la historia.

Pablo Latapí

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