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Jaime García Elías
MAR 1 2017
A propósito

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

* Alcahuetes

“Pusieron ‘El Coco’… y ahora le tienen miedo”.

El pronóstico que se hizo cuando algunos clubes mexicanos dieron los pasos conducentes a la transformación de las antiguas porras en las actuales barras —a imitación de los usos sudamericanos—, está en vías de cumplirse. Tuvieron que vivirse varios incidentes graves, que sólo porque Dios es grande no degeneraron en tragedias de dimensiones mayúsculas, para que los dueños del juguete reconocieran su error y anunciaran —acaba de hacerlo Enrique Bonilla, presidente de la Liga MX— que “ahora sí” se tomarán medidas orientadas a “desaparecer” a esos grupos.

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Por supuesto, habrá resistencias. Los integrantes de dichos grupos pueden acogerse a que la Constitución (Artículo 9º.) ampara “el derecho de asociarse o reunirse pacíficamente con cualquier objeto lícito”… aunque se exponen a que las autoridades disuelvan esas reuniones, mediante el uso de la fuerza pública si es menester, en cuanto se quebrante la premisa de que se desarrollen “pacíficamente”.

Los clubes locales, Guadalajara y Atlas, ya han tomado medidas, con el apoyo de las autoridades civiles, algunas para restringir la concentración de esos grupos en los estadios, y otras para controlarlos y para reducir el riesgo de enfrentamientos con los grupos de animación de los equipos rivales…

Así y todo, los verdaderos aficionados saben que hay partidos “de alto riesgo”; saben que, a despecho de los “operativos” policiacos, más o menos espectaculares, los rijosos suelen darse sus mañas para llevar sus manifestaciones —al final de los partidos, sobre todo— al terreno de la violencia; y saben que el espectáculo “familiar” que antaño fue el futbol, no pasa de ser, con harta frecuencia, un buen recuerdo… y una buena intención.

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Por lo demás, es difícil esperar de los dirigentes que se dicen decididos a erradicar de los estadios mexicanos un tumor canceroso que ellos mismos contribuyeron a crear, tengan la energía necesaria para conseguirlo, especialmente porque con el castigo cuasi-simbólico (un partido de suspensión, cuando el Artículo 62 del Reglamento de Sanciones contemplaba la posibilidad de que fueran hasta 10, “de acuerdo con la gravedad de las faltas”) que impusieron al Veracruz por la trifulca del antepasado fin de semana, mostraron demasiada tibieza.

Tuvieron la oportunidad de demostrar que va en serio su lucha contra la violencia en los estadios… Y, por pusilánimes, blandengues y alcahuetes con los intereses económicos que están en juego, la dejaron escapar.

Jaime García Elías

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