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Diego Petersen
FEB 28 2017
En tres patadas

Por Diego Petersen diego.petersen@informador.com.mx

Vida privada, otra vez

En algunas páginas de Facebook y sitios de internet, unos todavía menos respetables que otros, circuló una foto sobre la vida privada del alcalde de Guadalajara, Enrique Alfaro. No tiene caso describir la imagen porque sería caer en lo mismo, lo importante no es con quien esté ni donde esté. Lo que haga el alcalde en su tiempo libre es algo que sólo le incumbe a él.

Nada. Absolutamente nada de lo privado de la vida de los políticos, ni sus temas de familia, ni sus creencias religiosas, hábitos de casa, preferencias sexuales o incluso los temas de salud que no afectan el desempeño de sus cargos son de incumbencia pública, salvo, eso sí, que involucren un peso del erario público. Esto es, si un funcionario usa recursos públicos tiene que aclarar para qué lo hizo. Nadie tiene derecho a gastarse nuestro dinero en asuntos privados. Pero, fuera de esa hipótesis lo que hagan o no hagan no es de nuestra incumbencia.

Por supuesto que se agradece que los políticos sean discretos, sin embargo, nadie puede obligarlos. Lo que no es admisible y debemos evitar a toda costa es que las vidas privadas se conviertan en tema público. La frontera entre lo privado y lo público es porosa y cambiante (digamos que es lo menos parecido al muro de Trump). Los grupos más conservadores tienden a correr la línea en detrimento de la vida privada (viven eternamente preocupados por la sexualidad de los demás) mientras que los más liberales buscan el máximo de privacidad. Lo que no entienden los políticos y los medios que gustan de meterse en las vidas privadas es que correr esa cortina terminará por afectarnos a todos y que lo que parece un triunfo porque se golpea políticamente al enemigo a la larga termina siendo un autogol.

Ni Alfaro, ni Aristóteles Sandoval, ni Pablo Lemus, ni ninguno de nuestros diputados, por citar sólo a algunos de nuestros políticos, son mejores o peores en función de sus vidas privadas. Es cierto, cuando andan en campaña los primeros, empujados por los asesores de imagen, lo que buscan presumir es a las familias y los que andan metiendo la vida pública a sus casas son los propios políticos, pero ese es su gusto y su riesgo.

Hay una gran hipocresía detrás de la difusión de este tipo de materiales porque a los medios y a los asesores de comunicación que difunden el material les importa un bledo la vida privada del alcalde, lo que les interesa es golpearlo políticamente y me temo que a la postre ni para eso servirá.

Por enésima vez: defendamos la vida privada de los personajes públicos porque ese es el dique para defender la de todos.

Diego Petersen

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