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Diego Petersen
FEB 21 2017
En tres patadas

Por Diego Petersen diego.petersen@informador.com.mx

Merezco abundancia

“Si merezco abundancia Si merezco abundancia Si merezco abundancia Si merezco abundancia Si merezco abundancia Si merezco abundancia Si merezco abundancia Si merezco abundancia Si merezco abundancia… ”. Así, sin acento en si, sin comas ni nada que lo engalanara salvo el uso de dos tintas, negro para el “Si”, azul para “merezco abundancia”, con letra apretada de niña aplicada de colegio de monjas, Karime Macías, esposa del ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte, hizo una plana completa. Este mantra de la corrupción, todo parece indicar, es parte de su diario encontrado en una bodega en la ciudad de Córdoba.

La plana, que más parece un castigo de escuela que un diario, dice poco, pero muestra mucho, muchísimo. Nadie hace una plana así si no tiene alguna especie de remordimiento o al menos duda de si el exceso de riqueza, la abundancia acumulada, está más allá de lo socialmente aceptable. No sé si fue idea propia, si la frase se la dictó su marido (que también pensaba merecer la abundancia por el simple hecho de ser gobernador) o se la dijo y se la dejó de tarea algún gurú o “coach personal” de esos que abundan hoy en día y cobran por decir obviedades (eso sí, con voz ronca y mirada puesta en el futuro). Lo que está claro es que la señora tenía dudas sobre lo que ella misma veía como un abuso. Si siguen buscado muy probablemente vayan a encontrar otra plana que diga “A veces tengo remordimientos por todo lo que roba mi marido, pero luego pienso en el rancho, los caballos, el Ferrari, el helicóptero y se me pasa”; otra que diga “Keep calm and keeps stealing” (mantenga la calma y siga robando) o cualquier otro cliché que se le ocurra.

¿Qué pasa por la cabeza de un político o de la esposa de un político para pensar que merece abundancia? La única explicación es que creen a pie juntillas que el destino, o su compadre el poderoso, los puso ahí para hacerse ricos. Que la máxima de “un político pobre es un pobre político” dicha en voz de uno de los fundadores y referente moral del Grupo Atlacomulco, el profesor Carlos Hank González, no solo es cierta, sino que es destino manifiesto. El poder envilece y corrompe, es cierto, pero, como diría Gotzila, el tamaño sí importa. No defiendo que “hay que robar pero poquito”, para citar a otro clásico, ahora el dos veces alcalde de San Blas, Hilario Ramírez “Layín”, sino que lo que hay que cuidar es el tamaño del envilecimiento al que puede llegar un político.

Los ciudadanos merecemos abundancia, pero de rendición de cuentas. Por más que se quejen los políticos, exigir que nos informen sobre el destino de los recursos públicos nunca será demasiado.

Diego Petersen

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