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Martín Casillas de Alba
FEB 18 2017
El sonido y la furia

Por Martín Casillas de Alba malba99@yahoo.com.mx

Los zares de la mentira

“La mitomanía es un trastorno psicológico que consiste en mentir de manera compulsiva y patológica. El mitómano falsea la realidad para hacerla más soportable y puede tener una imagen distorsionada de sí mismo, generalmente asociada al delirio de grandeza”, así es como definen esta enfermedad que viene a cuento porque estamos viviendo el delirio de un mitómano que ha convencido a más de 60 millones de personas que le creen —cada vez menos— lo que dice a pie juntillas, incluyendo su “realidad alternativa” y la amenaza de un terrorismo imaginario que, según su equipo, asegura que ha sucedido algo que no ha pasado, pero sus seguidores, están seguros de que “el mundo se ha aprovechado de ellos” y, por eso, “es hora de exigirles y ponerlos en su lugar”, sin importar que el resto del mundo ve las cosas de otra manera.

Entre otras cosas hemos entendido que “el déficit en la balanza comercial con México no necesariamente es malo y que, el argumento de Trump está equivocado”, como me explica un experto en la materia.

Para entender mejor a los mitómanos acudo a la literatura para ver si así podemos jalar el hilo de Ariadna para salir del laberinto en el que nos encontramos. Son las Confesiones del estafador Félix Krull de Thomas Mann (Edhasa Literaria, 2009) con el que pude seguirle la pista desde que era joven la manera cómo aprendió a evadir su realidad creando otra paralela, en donde Krull se sostiene “en que todo engaño que no se base en una verdad superior y que no sea una pura mentira, resulta torpe, imperfecto y susceptible a ser descubierto”.

Siguiendo estos principios, Krull llegó a convertirse en un estafador que se comportaba según el papel que tenía en un momento dado, desplegando con naturalidad todo un castillo de naipes, una tras otra de sus mentiras, hasta que un día, un resbalón acabó con lo construido, antes de caer por los suelos.

Nunca en la historia moderna había sucedido una reclamación mundial con pelos y señales sobre los engaños y la conducta de ese mitómano. Nunca antes hubo un presidente con el descaro de mentir basado en unas “verdades superiores” que son, en realidad, sus propias mentiras o “realidades alternativas” como las de ese alguien que está cerrado a cualquier discusión pues se trata de un hombre de ideas fijas, inamovibles e indiscutibles.

Estamos frente a un fenómeno de malestar mundial causado en poco tiempo en donde los millones de seguidores no se pueden detener a reflexionar porque… “en una estampida, el que se detiene parece que huye”.

 Todos somos un poco mitómanos y, sin duda, alguna vez hemos utilizado ciertos argumentos sacados de la manga, pero hasta ahí nuestra habilidad para mentir. Otra cosa son las mentiras de esos que perteneces ya a un cuadro clínico y que vemos cómo se salen por peteneras culpando a “los hombres necios” de la prensa o a los jueces de bloquear sus órdenes, de ser ellos los mentirosos que distorsionan la verdad sin entender el daño que causa a los miles de habitantes originarios de alguno de los nueve países musulmanes, que desde hace tiempo viven, trabajan y pagan impuestos en ese país que suponían ya era su casa.

El mitómano no se inmuta con las mentiras sean del tamaño que sean y, por cierto, recuerdo a un amigo de la adolescencia nos aseguraba “le faltaban cinco escalones para llegar a ser rey de España”, sin darnos cuenta nos reíamos sin saber que se trataba de un mitómano. Desde entonces le decimos “Mirey” y, con el tiempo, se destruyó a sí mismo y a los que lo rodean, sin poder pedir ayuda de un psiquiatra para que no termine como Félix Krull en la cárcel, escribiendo sus memorias, como uno más de los zares de la mentira.

Martín Casillas de Alba

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