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Raymundo Riva Palacio
FEB 16 2017
Estrictamente personal

Por Raymundo Riva Palacio rrivapalacio@ejecentral.com.mx

Siete segundos para morir

El jueves pasado, unidades de élite de la Marina respondieron indirectamente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien le había dicho al Presidente Enrique Peña Nieto que las Fuerzas Armadas de su país no tenían ni la capacidad ni el valor para enfrentar a los cárteles de la droga. En un operativo en Tepic para neutralizar al jefe de plaza en Nayarit y el Norte de Jalisco del cártel de los hermanos Beltrán Leyva, los comandos se enfrentaron varias horas con los criminales, que dejaron un saldo de 13 narcotraficantes muertos, contra ningún marino. De todo ese tiempo de refriega en barrios residenciales y en la cercanía del aeropuerto en la capital nayarita, lo que circuló profusamente en las redes sociales y los medios de comunicación fue un video de siete segundos de duración, donde desde un helicóptero ruso de la Marina dispararon una Barrett con balas trazadoras –que son modificadas para que una carga pirotécnica en su base permita que arda y se pueda ver su trayectoria en la noche– de 50 milímetros.

El operativo fue quirúrgico, eficaz, con notoria capacidad de fuego y sin importar que hubiera daños colaterales. Abatieron al jefe de la plaza, Juan Francisco Patrón Sánchez, apodado “El H2”, y a toda su guardia pretoriana. Pero tras el asombro por el impresionante operativo, surgieron las denuncias de abuso de fuerza y las versiones de que en la acción habían muerto menores. El secretario de la Marina, almirante Vidal Soberón, fue obligado por la opinión pública a dar la cara, y afirmó que no participó ningún menor en el operativo, ni se abatió a ninguno de ellos. El almirante explicó ante la prensa lo que, según su información, sucedió:

“Los 15 efectivos que llegaron al domicilio fueron recibidos con fuego real, aunque se insistió desde que llegamos, (y) se estuvo insistiendo durante toda la operación, que era la Secretaría de Marina y que pedíamos su rendición. Jamás se rindieron. En una casa de tres pisos y exactamente en el alto de la azotea ellos tenían una posición muy favorable desde la cual estaban disparando a nuestro personal y tenían una vista de 360 grados. Al ver esto se pidió el apoyo de un helicóptero artillado, el cual hizo fuego por un tiempo no mayor a siete segundos, con el único objetivo de que se retiraran de la azotea, cosa que se logró, ya mi personal no estaba resistiendo la cantidad de fuego de precisión que estaban efectuando ellos”.

El almirante Soberón se quejó de que sólo se estaban viendo esos siete segundos letales, y no toda la acción que duró varias horas. En todo caso, de sus propias declaraciones se puede argumentar que mintió y que sus comandos sí hicieron uso excesivo de su fuerza letal, en violación de la ley. El almirante Soberón dijo que se disparó desde el helicóptero a una azotea, pero en el video se aprecia que las balas trazadoras fueron dirigidas al frente de una casa, a la cual le provocaron daños en su base y paredes. El helicóptero realizó acciones aéreas lentas mientras enfocaba su objetivo, pese a lo que nunca fue alcanzado por ningún proyectil. La versión oficial es que les dispararon desde tierra, pero nunca alcanzaron a la nave.

Las Fuerzas Armadas mexicanas disponen de un Manual del Uso de la Fuerza, en cuya regulación, publicada el 22 de mayo de 2014, establece su legitimidad bajo los principios de oportunidad, proporcionalidad, racionalidad y legalidad. La proporcionalidad, como se especifica en el Capítulo 3, “se utiliza en la magnitud, intensidad y duración necesarias para lograr el control de la situación, atendiendo al nivel de resistencia o de agresión que se enfrente; se refiere a la relación entre la amenaza al bien jurídico tutelado del personal o de la población civil ajena a los hechos, y el nivel de fuerza utilizada para neutralizarla”.

En el operativo en Nayarit no hay forma de justificar la proporcionalidad establecida por la ley. El índice de letalidad fue de 12 muertos, lo que sugiere que se utilizó mucho mayor fuerza de la que se necesitaba.

Estos datos no son anormales para la Marina, cuyo índice de letalidad rompe todas las convenciones, inclusive supera al Ejército y a la Policía Federal, que rebasan las proporciones de muertos y heridos establecidos por la ley. Sólo como referencia, un estudio de la Cruz Roja Internacional de las guerras desde finales de los setenta encontró una proporción de cuatro heridos por cada persona muerta. En México, según un estudio del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, el Ejército mata a ocho enemigos por cada uno que hiere, mientras que la Marina mata a 30 agresores por cada uno que hiere, que es un radio similar al resultado en Tepic el jueves.

La Marina tiene fama de alta eficiencia en sus operativos, mediante un alto grado de inteligencia y capacidad táctica. Pero también tiene fama de letal. Dos de los grandes capos del narcotráfico, Arturo Beltrán Leyva, jefe del cártel familiar que lleva su nombre, Heriberto Lazcano, jefe de Los Zetas, y Ezequiel Cárdenas Guillén, jefe del Cártel del Golfo, murieron abatidos por comandos de la Marina, en operativos similares al de Tepic, donde no hubo detenidos; sólo muertos. La Marina es temible, como demostró Édgar Valdés, “La Barbie”, quien cuando fue detenido por la Policía Federal, tenía una amplia sonrisa. Cuando le preguntaron por qué se reía, respondió: “Estoy vivo; no me capturó la Marina”.

Raymundo Riva Palacio

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