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Diego Petersen
FEB 16 2017
En tres patadas

Por Diego Petersen diego.petersen@informador.com.mx

Maten al mensajero, parte N

Cuando se trata de matar al mensajero no hay diferencia entre partidos políticos; en todos hay personajes que reaccionan igual. El caso más reciente es el de Ricardo Monreal, jefe de la delegación Cuauhtémoc en la Ciudad de México que, ante la investigación realizada por Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) lo que hizo fue llamar al linchamiento del mensajero.

La investigación periodística demostró que detrás de Monreal llegaron a la delegación como proveedores las empresas de Zacatecas, de donde es originario y de donde fue gobernador, algunas de ellas sin experiencia previa. Como una extraña coincidencia, una de las empresas más beneficiadas es propiedad de un par de zacatecanos compañeros de la hija del delegado en la prepa.

La respuesta de Monreal, como buen político en edad de merecer, fue descalificar a los investigadores, no desarmar la investigación contraponiendo datos o dando explicaciones. Llamó a los periodistas “sicarios de la pluma”, que viniendo del otrora joven promesa del PRI que luego se convirtió en gobernador cacique del PRD y hoy en Morena rey chiquito de la delegación Cuauhtémoc, debe ser leído como un halago.

Pero la reacción de Monreal no es diferente a la de la mayoría de los políticos de este país. Ante cualquier señalamiento de malos manejos del dinero público la reacción es descalificar a quien hace el trabajo periodístico en lugar de responder con la fuerza de los datos; hasta con rudeza, si se quiere, pero con datos. A los políticos se les olvida muy rápido que son ellos los obligados a explicar el destino de cada peso, que no es de ellos sino nuestro, y que las motivaciones de quien cuestiona ni buena o mala intención detrás de un señalamiento es irrelevante. Suponiendo, que no es el caso, que los periodistas fueran unos perversos operadores del enemigo, lo que está a discusión no es la calidad moral del mensajero sino el destino y manejo de los recursos públicos.

Lo peor del caso es que Ricardo Monreal actuó justo como espera que lo haga un político en este país; condenar a la hoguera al mensajero es parte de nuestra cultura política. En esto no le pueden echar la culpa al “ADN priista” ni al “priista que todos llevamos dentro”; el desprecio a quien cuestiona es igual en políticos del PRI que en panistas, perredistas, emecistas, morenos y verdes. En eso son idénticos al detestado Donald Trump (sé que la comparación es odiosa; por eso la hago).

Rendir cuentas no es platicarle a los cuates, en un medio controlado y adulador como son los informes, qué hicieron durante el año, sino responder puntual y claramente a los cuestionamientos sobre el destino del dinero público sin importar quién los haga.

Diego Petersen

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