Guadalajara, Jalisco

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Jaime García Elías
FEB 16 2017
Entre veras y bromas

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

– “Guadalajara-500”

El CDL (450, en cristiano) aniversario de la fundación de Guadalajara dejó más recuerdos ácidos que dulces. De éstos, el maquillaje al Parque del Agua Azul y el Jardín del Templo Expiatorio, y un magro etcétera. De aquéllos –dos meses y ocho días después de los fastos pueblerinos—… las explosiones en el Sector Reforma, que dejaron en el rostro de la ciudad y en la memoria de sus habitantes una herida que no termina de sanar. Desde aquel episodio traumático, las cosas, para bien y para mal, han cambiado…

-II-

A la mitad del camino entre aquellas celebraciones y las que ya se avizoran so pretexto del quinto centenario, hay dos vertientes. Desde la esquina de los optimistas –o de los ilusos: ya lo dirá el tiempo…— las autoridades civiles prometen para el 2042, “una ciudad más bonita, más amable, menos insegura y mejor comunicada que la actual”. Desde la esquina opuesta, los críticos vislumbran una ciudad más extensa, más alta, más poblada, ciertamente… pero no mejor que la presente.

El motor de la historia no tiene marcha atrás. Guadalajara fue, hasta la década de los ochentas, una de las ciudades más “vivibles” de México. Incapaces de proyectar y programar su crecimiento, sus gobernantes –demasiados burócratas y pocos técnicos— vieron cómo la ciudad devoraba a las risueñas “villas” (Tlaquepaque, Zapopan y así sucesivamente…) que la circundaban, se transformaba en una amorfa mancha urbana –pomposamente denominada “Zona Metropolitana”— y extendía sus confines mucho más allá de lo humana, razonable y políticamente deseable. La que se preciaba de ser “una ciudad sin arrabales”, se llenó de ellos: arrabales en que lo mismo brotaban, de la noche a la mañana, miserables casuchas de cartón, apiladas sin orden ni concierto, que surgían “desarrollos habitacionales”, tan monstruosos, inhumanos, deprimentes e inhabitables como aquéllas. El Centro mismo de la ciudad pasó a ser, por despoblado e inhabitable, menos que un arrabal de la misma.

-III-

Hoy en día, cuando la fisonomía de la urbe se extiende de manera incontrolable y se modifica incesantemente merced a la multiplicación exponencial de gigantescas torres de departamentos por doquier, parece haber más razones para temer que la ciudad camina hacia el colapso de sus servicios –sistemas de agua y alcantarillado, vialidades, seguridad, espacios públicos propicios para la convivencia…— que argumentos para esperar que en los próximos 25 años se hagan realidad las promesas de quienes hasta ahora han regido de manera tan errática sus destinos.

Jaime García Elías

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