Guadalajara, Jalisco

Jueves, 20 de Julio de 2017

Actualizado: Hoy 13:21 hrs

22°

Síguenos:

Carlos María Enrigue
FEB 16 2017
Reconcomios

Por Carlos María Enrigue carlos_enrigue@hotmail.com

Estados Desunidos Mexicanos

No es la primera vez que, ante una amenaza gravísima del exterior, el mexicano procede a ensimismarse y bizantinamente debatir si es que acaso la “amenaza interna” no debe ser atendida a satisfacción de todos previamente a determinar qué se va a hacer frente a la amenaza externa.

En 1845, cuando el electo presidente Herrera buscaba darle una salida lo más ventajosa posible a un México que no estaba listo económica, militar y socialmente para una guerra, hubo quien denunció la “amenaza interna” y decidió que el ejército que le había sido confiado para enfrentar al invasor iba a servir un mejor propósito derrocando a la autoridad constituida puesto que ellos, como siempre, sí sabían exactamente cómo hacer las cosas.

Las razones, que siempre habrá, fueron expuestas en el Manifiesto que lanzó el general Paredes en la ciudad de San Luis Potosí el 14 de diciembre de 1845, las cuales transcribo:

“...aunque la misión de la fuerza armada en todo país bien constituido, no era otra que la de sostener las instituciones y los poderes públicos que de ellas dimanan, el nuestro por una serie de desgracias lamentables no había podido lograr hasta ahora el estado de perfección social porque tantos sacrificios ha hecho la parte sana pensadora de la nación, porque las facciones que por fatalidad la dividen la han conducido siempre a los extremos de que ha sido preciso apartarla por sacudimientos políticos, cuyos fines ha frustrado también el funesto espíritu de partido, sucediendo esto mismo aun después del movimiento eminentemente nacional acaecido en el año anterior, que produjo el establecimiento de una administración que habiendo comenzado a existir en el feliz momento de la fusión de los partidos, y contando con los votos, y con las esperanzas de todos, las burló por una ceguedad incomprensible, conduciendo a la República al borde del precipicio en que se encuentra, y de que no podrán librarla los que han pretendido establecer las más ridículas extravagancias como axioma para nuestra política interior, pretendiendo librarse de una guerra necesaria y gloriosa por medio de concesiones que menoscaban nuestra dignidad y rompen el único dique que pudiera oponerse a las pretensiones ambiciosas de una potencia tan poderosa como pérfida: iniciando una ley cuya atrocidad carece de ejemplo y que tiene por objeto armar y de consiguiente desenfrenar masas informes de los hombres que menos piensan, de los que tienen menos moralidad y menos interés por la paz y conservación de la sociedad; intentando de diversos modos disolver el ejército, cuya existencia estaba en oposición abierta con las miras de un gobierno que destruye su hacienda: desechando las reiteradas instancias de este mismo ejército para marchar a lanzar de nuestro territorio a los enemigos que lo han invadido, y al mismo tiempo permite que los periódicos ministeriales lo calumnien por una inacción que ha sido el primero en lamentar, mientras que admite un comisionado con quien trata de ajustar la ignominiosa pérdida de nuestra integridad, y que en fin provoca la anarquía más desastrosa alentando a las facciones y colocándose sin rentas, sin poder, sin prestigio y hasta sin voluntad en medio de ellas; considerando que la exactitud de los males que no he hecho sino bosquejar, requiere un pronto y eficaz remedio y porque como he dicho no podrá este remedio esperarse de los mismos que de la expectativa feliz en que subieron al poder, han llevado a nuestra patria al espantoso caos en que se encuentra mas cuando por su propia confesión no pueden ya remediar los males en que trocaron las esperanzas y las ilusiones que un cúmulo de circunstancias favorables hicieron concebir: cuando ha perdido la respetabilidad tan necesaria a todo gobierno: cuando ha pisado nuestro territorio y habita la capital de la

República el plenipotenciario de los Estados Unidos que de acuerdo con el actual gabinete viene a comprar nuestra independencia y nuestra nacionalidad...”.

Dado que uno siempre piensa que hace mejor las cosas que el otro, no tardó en estallar un pronunciamiento en Guadalajara que el golpista Paredes tuvo que ir a sofocar, dejando como interino a Nicolás Bravo. A su vez, Mariano Salas consideró que el rumbo no era adecuado por lo que, aprovechando la ausencia del presidente electo, dio un golpe de estado el 4 de agosto de 1846 para sacar del poder a Paredes y a Bravo.

De 1845, en que comenzó a cernirse la amenaza de invasión, a 1848 que los americanos abandonaron el país hubo ocho presidentes distintos. La mayor parte dispuestos a no dejar de lado “las amenazas internas”. Ya ve usted qué tal nos fue. No digo que se tenga que entregar la patria, pero lo que se vaya a negociar se negociará con más firmeza mientras subsista, al menos, la apariencia de apoyo general.

Carlos María Enrigue

EL INFORMADOR valora la expresión libre de los usuarios en el sitio web y redes sociales del medio, pero aclara que la responsabilidad de los comentarios se atribuye a cada autor, al tiempo que exhorta a una comunicación respetuosa.

En caso de considerar que algún comentario no debería mostrarse por ofender a otras personas, instituciones, o ir contra la Ley, cualquier lector puede denunciarlo utilizando el botón de a la derecha de cada comentario.

PARA MOSTRAR LOS COMENTARIOS DE ESTA NOTA PULSA EN ESTE AVISO

:: Más Autores