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Pablo Latapí
FEB 16 2017
Errante peregrino

Por Pablo Latapí platapi@hotmail.com

El Forense y Yo

He de confesar que en estos días me he sentido como aquel médico forense que siente una enorme emoción, hasta con ciertos toques de alegría, cuando a la plancha de su morgue llega el cadáver destrozado de una persona. Nadie lo entendería, pero para él es un momento de enorme fascinación profesional al detectar todo lo que hay que observar, analizar, descubrir y reportar para tratar de explicar por qué ha quedado así lo que en su momento fue un cuerpo lleno de vida.

Y es que como periodista, para mí es fascinante observar día a día la realidad que estamos viviendo, tanto dentro como fuera del país, que resulta aterradora pero que como analistas nos tiene embobados. No recordamos haber vivido situaciones tan complejas, tan absurdas y tan sin sentido. Pero por lo mismo extraordinariamente atractivas.

Empecemos por lo que pasa en Estados Unidos. Por increíble que parezca, ha llegado a la silla de mando del país más poderoso (avalado por la mitad de los norteamericanos) un personaje que si bien es por sí mismo poderoso por los negocios que maneja y la influencia que ha tenido en los medios de comunicación y en distintos grupos de personas, no deja de ser un loco, mentiroso, caprichoso, que día a día da muestras de su enorme incompetencia para gobernar un país. Ya es públicamente reconocido, incluso entre sus propios colaboradores, como un mitómano, que crea y habita sus realidades propias, y que empieza a entrar en un túnel sin salida que muy pronto lo tendrá contra las cuerdas. Entre varias pifias el reciente escándalo de la relación de su gente con agentes rusos durante la campaña electoral no es asunto menor: habla de la injerencia de una potencia extranjera en los asuntos políticos de Estados Unidos, y eso no se lo van a perdonar. El fin se acerca.

Y en nuestro país la situación también es sorprendente: resulta increíble también que nuestra clase política no se haya dado cuenta del laberinto en que está atrapada, y que se siga manejando como si no pasara nada y haciendo y deshaciendo con el poder político y el presupuesto como les venga en gana. Tal parece que los políticos no se han dado cuenta del enorme hartazgo y desprecio que ya les tiene la clase media, y ellos siguen ocupados en sus grillas partidistas, en sus candidaturas, y en ocultar los malos manejos de sus propios agremiados fomentando a los ojos de todos la cultura de la impunidad.

Hablan como si vivieran en otro país, en otra realidad, y en otro momento. Están también muy cerca de una situación sin retorno, pero no parecen entenderlo.

Y para rematar, en medio de esta situación crítica para los mexicanos por la falta de seguridad, la pobreza, por la impunidad, la falta de aplicación de las leyes, en un laberinto económico provocado por las pifias en el manejo de las finanzas públicas, aparece el Presidente para decir que no estamos en crisis, que en realidad enfrentamos un desafío.

Es como si el cadáver destrozado enfrente del médico forense pudiera hablar y decir: “No pasa nada; es apenas un rasguño”.

Pablo Latapí

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