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Jaime García Elías
FEB 10 2017
A propósito

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

* A rezar…

Cuando Clubes Unidos de Jalisco mantuvo en operación la franquicia de los Atomos de Filadelfia, en aquella Liga Norteamericana de Futbol que incorporó en sus equipos a figuras como Pelé, Carlos Alberto (fallecido hace unos meses, por cierto), Chinaglia, Romerito y demás, el sudafricano Eddie Firmani, a la sazón técnico de los Rowdies de Tampa Bay (luego dirigiría al Cosmos de Pelé, precisamente), aleccionó así a sus jugadores con respecto a los defectos y virtudes de los Atomos:

–Como la mayoría de sus jugadores son mexicanos, son capaces de tocar 20 o 30 veces el balón sin prestárselo al adversario… y sin tirar a gol.

*

La definición por lo visto, sigue vigente. Aplica, por lo que pudo comprobarse la noche del miércoles, cuatro décadas después. Retrata, con bastante fidelidad, el comportamiento que tuvo la Selección mexicana en el partido amistoso ante “la Selección C –como dijo algún sector de la crítica— de Islandia”.

Es previsible que la mayoría de los jugadores que fueron convocados para esta prueba por el técnico nacional, Juan Carlos Osorio, aparezcan nuevamente en alguna de las listas que se confeccionen para los compromisos internacionales que el “Tri” deberá desahogar el próximo verano: la Copa Confederaciones en Rusia, y la Copa Oro en Estados Unidos. Pero no precisamente porque Osorio haya tenido, en el partido de referencia, materia prima para enriquecer el expediente que seguramente ha integrado de cada uno de los más de 60 jugadores a los que ha convocado desde que asumió el cargo… sino porque, como dice el dicho, “No hay más cera que la que arde”.

*

La Selección Nacional es, aquí y en China, un fiel reflejo del futbol al que corresponde. Si en México, según el dato estadístico que el mismo Osorio manejó en vísperas del partido contra Islandia, “sólo 40% de los jugadores que hay en los equipos de Primera División son mexicanos”, es evidente que los dueños del juguete salvan las exigencias del espectáculo —y, de paso, sanean las nóminas de sus “clubes”— merced a la inclusión de futbolistas importados… pero reducen sensiblemente las opciones del técnico nacional, especialmente en posiciones que en los equipos están cubiertas por jugadores extranjeros.

De ahí que el técnico nacional, en México, ante la incumbencia de hacer frente a compromisos formales, esté condenado, una de dos: o a tronarse los dedos… o a rezar.

 

Jaime García Elías

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