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Jaime García Elías
FEB 8 2017
A propósito

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

* Las listas

Aunque se expone a que los criticones profesionales lo acusen de “manosear” jugadores, al convocarlos para partidos amistosos como el de esta noche ante Islandia en Las Vegas y después olvidarse de ellos, es probable que el tiempo —“supremo juez”, ya se sabe— demuestre que Juan Carlos Osorio está haciendo lo pertinente al aprovechar compromisos aparentemente intrascendentes, de poca monta, en que los resultados son absolutamente secundarios, para tener contacto directo con el material humano del que deba valerse a la hora de los compromisos serios, importantes y trascendentales.

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Independientemente de los partidos que aún están en la agenda correspondiente a la eliminatoria rumbo al Mundial de Rusia 2018, el Tri deberá participar, en el verano próximo, en dos competencias internacionales: la Copa Confederaciones, del 17 de junio al 2 de julio, en Rusia, con Portugal, Nueva Zelanda y el país anfitrión como adversarios en la primera ronda, y la Copa Oro, como campeón defensor, del 7 al 26 de julio, en canchas estadounidenses.

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Por considerar que sería inadecuado encomendar los dos compromisos a un mismo grupo de jugadores, se tomó la decisión de repartir la responsabilidad e integrar, para el efecto, dos Selecciones nacionales.

En teoría, pues, al margen de los criterios que se apliquen para decidir quiénes irán a Rusia y quiénes a Estados Unidos, Osorio tendrá que echar mano de 48 jugadores: una cifra que parecería muy alta, considerando que las modificaciones de los últimos años a los reglamentos de las competencias domésticas han favorecido la naturalización, primero, la incorporación masiva, después, de jugadores extranjeros…, y, como inevitable corolario, la reducción de plazas para jugadores mexicanos.

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Hay, por supuesto, la posibilidad de que el técnico nacional convoque a jugadores naturalizados: los reglamentos lo permiten y los usos y costumbres en esa materia, se han relajado…

Osorio, sin embargo, comparte el sentir de la generalidad de los críticos y de la casi totalidad de los aficionados mexicanos: la inclusión de jugadores naturalizados en el equipo nacional debe ser un recurso; no un sistema; debe ser una excepción; no la regla.

En esas condiciones, se explica plenamente, como se apuntó al principio, que se aprovechen todas las oportunidades que se presenten, para que los jugadores nacidos y formados en México tengan, por lo menos, la posibilidad de demostrar que tienen con qué aspirar a una plaza en la Selección de su país.

Jaime García Elías

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