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Jaime García Elías
FEB 4 2017
Entre veras y bromas

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

– “Paseo Alcalde”

Algunos de los más ancianos de la comarca insisten en que tanto el proyecto del arquitecto Ignacio Díaz Morales como la decisión política del entonces gobernador Jesús González Gallo, de “abrir” las avenidas Mina-Juárez (para conectarla con Vallarta) y Alcalde-16 de Septiembre, fueron rotundos disparates: crasas aberraciones arquitectónicas. Desde su perspectiva, se perdió más de lo que se ganó con esas obras –tildadas, en su momento, de “faraónicas”— realizadas con la intención expresa de modernizar a una ciudad que, desde la perspectiva de sus críticos, no pasaba de ser un “pueblo bicicletero”.

-II-

Más de medio siglo después de aquella intervención, las autoridades estatal y municipal anunciaron formalmente, por fin, la intención de “peatonalizar” la Avenida Alcalde, para transformarla en un “Paseo”.

La idea —a la que el alcalde Enrique Alfaro se refirió como “la nueva versión de la Avenida Chapultepec”— consiste en propiciar una saludable metamorfosis del entorno, como consecuencia lógica de la transformación del uso, predominantemente vehicular, que hasta hace unos meses (antes de que comenzaran las obras de la Línea 3 del Tren Eléctrico Urbano) tenía la arteria referida.

Aunque era, a la par con Juárez, la Calzada Independencia y Federalismo, una de las avenidas más importantes del Centro, Alcalde —la verdad sea dicha— llegó a ser insufrible: ruidosa, contaminada, congestionada durante casi todo el día… Se cuestionaba, con sorna, qué pecado habían cometido los “jaliscienses ilustres” para que los confinaran, después de muertos, en un panteón tan poco propicio para el descanso eterno y tan inadecuado para recompensar los servicios que prestaron, en vida, a sus coterráneos.

-III-

Por supuesto, las objeciones que pudieran plantearse al perjuicio que la transformación de la avenida en “Paseo”, resultan insostenibles a estas alturas de la película. La modificación de las rutas de camiones y los cambios de rutas de los automovilistas que de ordinario circulaban por ahí, demuestran que la vida es perfectamente posible sin tener que circular por esa rúa…

Falta que se cumpla la segunda parte del proyecto: que la reconversión de la avenida estimule la imaginación y la iniciativa de los particulares para modificar los usos –primordialmente habitacionales y comerciales— de las añejas fincas, modificarles la vocación y generar un contagio saludable en algunas de las calles aledañas.

Después de todo, lo más probable es que se admita que dejar la Avenida Alcalde peor de cómo estaba antes del cierre dispuesto hace más de un año… era punto menos que imposible.

Jaime García Elías

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