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Jaime García Elías
FEB 3 2017
A propósito

Por Jaime García Elías opinion@informador.com.mx

* “Manoseo”

Ser técnico de la Selección Nacional de futbol, en México, es un destino similar al del cohetero —o “cuetero”, si se prefiere— de la conseja: si sus artilugios funcionan, le pitan; y si no… le pitan con más ganas.

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Ahora que Juan Carlos Osorio incluyó en la lista de jugadores convocados para el partido amistoso (“moleros”, les dicen despectivamente desde que “Tuca” Ferretti les dio ese calificativo) de la próxima semana contra Islandia a cuatro jugadores cuya carrera es aún incipiente o que aún no alcanzan el rango de titulares indiscutibles en sus equipos (Hugo González, del Monterrey; Luis Reyes, del Atlas; Édson Álvarez, del América, y Jesús Gallardo, de Pumas), se retoma el verbo que antiguamente se utilizaba, con evidentes intenciones despectivas, para esos casos: “manosear”.

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En el caso de Osorio, la crítica se explica porque parte del estilo de matar pulgas del técnico colombiano consiste en hacer “rotaciones”, como él las llama…

Mientras muchos observadores insisten en que sería preferible que Osorio machacara con una misma alineación, sin hacer más cambios que los obligados por las circunstancias (lesiones, castigos, notorias bajas de juego…), Juan Carlos no sólo modifica continua y sistemáticamente sus oncenas, sino que llega al extremo de colocar a algunos jugadores en puestos diferentes a los que cubren de ordinario en sus equipos de origen.

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En teoría, el planteamiento de sus críticos es correcto. Se diría que corresponden a la ortodoxia; al sentido común, pues…

Sin embargo, da la casualidad de que los resultados —salvo el escandaloso 7-0 adverso de la Copa América ante Chile— se empecinan en darle la razón a Osorio… de la misma manera como se la negaron reiterativamente a varios de sus antecesores en el cargo.

Osorio, por lo demás, advierte en el partido contra la que se supone será una versión “B” de la escuadra que fue la sensación en la Eurocopa del año pasado, una coyuntura propicia para dar la alternativa como seleccionados nacionales a jugadores que, desde su perspectiva, tienen las condiciones técnicas necesarias para llegar al “Tri”.

La distinción de que los hace objeto puede contribuir a su crecimiento como futbolistas, y ampliar el abanico de opciones de que un técnico nacional requiere… especialmente en momentos en que, por motivos que son públicos y notorios (la famosa Regla 10/8, concretamente), el futbol mexicano regatea espacios al talento de factura nacional.

Jaime García Elías

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