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Armando González Escoto
ENE 29 2017
Los colores del tiempo

Por Armando González Escoto armando.gon@univa.mx

La gran confusión

Para el gobierno mexicano, que no para la sociedad, el cambio tan radical de la política norteamericana en su nuevo presidente debe tenerlos en tremenda perplejidad. A despecho de lo que pensara el resto de América Latina y de sus propios ciudadanos, el gobierno de nuestro país unció a la carreta norteamericana los destinos de México; de Estados Unidos mendigaron siempre el reconocimiento electoral, el respaldo y el dinero a cambio de lo cual juraron guardarle perpetua lealtad. Con el TLC la asociación se hizo más estrecha, la sumisión más evidente, si bien a cambio de beneficios muy concretos al menos para el empresariado mexicano, que no del todo para los migrantes. Y de pronto resurge el “gringo” profundo, exigiendo que “le devuelvan sus canicas” porque ese juego ya no le gustó.

¿Y la cancelación de las inversiones chinas en México, hecha bajo presión yanqui apenas el año pasado? ¿Y la expropiación petrolera que se hizo para beneficio de los vecinos del norte, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial? ¿Y la privatización de la expropiación petrolera que se hizo siguiendo los lineamientos de los mismos vecinos? ¿Y la apertura a los grandes latifundios norteamericanos en suelo mexicano durante el porfiriato y el salinato? ¿Y la imposición de marcos constitucionales en esta nación, copia directa de los marcos de allá mismo? ¿Y el haber arruinado al pequeño comercio urbano y rural para favorecer a Walmart? ¿Y el regalo de toma de posesión del sr. Trump que fue la extradición pronta y expedita del sr. Chapo? ¿Y la rápida captura, inédita, automática, envidiable e incomparable del hindú que agredió a un funcionario del Consulado en Guadalajara? ¿Y los difíciles malabarismos que la política mexicana debió hacer por lustros con relación a Cuba, hasta el ridículo de Fox? ¿Y el que México perdiera el liderazgo en América Latina a causa precisamente de ese servilismo histórico? ¿Es que nada de eso, y tanto más, cuenta? Perplejidad gubernamental, esa es la palabra, porque el titiritero mayor les está cambiando tanto los movimientos conocidos como los guiones aprendidos, razón por la cual los muñecos se están moviendo con torpeza y hablando incongruencias.

Es difícil pensar que una cebra pueda negociar con una hiena, en todo caso se pondrán de acuerdo en el tipo de ensalada que acompañará el festín donde los intereses de México serán una vez más devorados a cambio de alguna promesa de futuro para el 2018, interés único y supremo del gobierno. Esto lo debe saber a la perfección el sr. Trump: el gobierno mexicano hará lo que sea, cederá lo que sea, se someterá a lo que sea, a cambio de indicios y señales que mejoren su situación en vísperas de las elecciones federales, y mientras en Televisa, el pasado jueves, polemizaban dos invitados, el uno denodadamente a favor de la visita de Peña a Trump, y el otro, con mucha mayor dignidad, en contra, fue el propio Trump quién se madrugó a todos diciendo “o pagas muro o mejor ni vengas” ¡Qué barbaridad! ¡Qué confusión! quién sabe si el gobierno mexicano estaba dispuesto a pagar, a condición de que no se supiera, cuando que para el presidente norteamericano justamente lo que importa es que se sepa. Por lo pronto, una vez más nos vimos lentos, fue Trump el que canceló, no Peña.

 

armando.gon@univa.mx

Armando González Escoto

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