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Diego Petersen
NOV 24 2016
En tres patadas

Por Diego Petersen diego.petersen@informador.com.mx

Espacio público: coludos o rabones

De los aspectos realmente destacables de la gestión de Enrique Alfaro al frente del Ayuntamiento de Guadalajara ha sido la lucha por la recuperación del espacio público. Algunos de los principales afectados por esta política han sido los comerciantes ambulantes y el comercio informal. Primero fueron los del Centro y en esta semana les tocó el turno a los comerciantes de Medrano y Pensador Mexicano que, por poco más de 30 años, se habían adueñado de banquetas y arroyo vehicular para vender zapatos.

En este tipo de acciones siempre hay dos puntos de vista. Los que defienden a los comerciantes, pues, dicen, tienen derecho a ganarse el pan y a trabajar en la vía pública, y los que consideran que nadie, bajo ninguna circunstancia, tiene derecho a apropiarse de lo que es de todos: el espacio público. Yo soy de estos últimos. Si bien estoy de acuerdo que todo mundo tiene derecho a trabajar también creo que todos debemos respetar el espacio público. Y cuando digo todos es todos, no sólo los comerciantes ambulantes.

El problema al que se está enfrentando la administración de Alfaro es justamente que no se trata con la misma vara a unos y a otros. Lo que no se permite a los comerciantes ambulantes se tolera para otros. Valgan tres ejemplos.

Cuando se hace una obra, sobre todo los edificios de varios pisos, los constructores se apropian de las banquetas y muchas veces incluso de un carril completo de las vialidades y nadie los molesta. Si bien las obras son temporales, en algunas ocasiones estas duran más de un año. Si el ayuntamiento quiere ser parejo debe obligar a los constructores a construir pasos peatonales seguros (así se hace en muchas ciudades del mundo) y a no obstruir la vialidad en horas pico.

Otro caso común es la apropiación de áreas de cesión. Hay un sinnúmero de cotos (la gran mayoría en Zapopan y Tlajomulco, pero en Guadalajara también los hay) cuyas áreas de cesión al ayuntamiento quedaron dentro de los muros negando el acceso a un espacio que por definición es público. En esos casos el ayuntamiento está obligado a levantar las plumas y permitir el libre acceso.

Pero más grave aún es la apropiación de calles. El caso más emblemático, no es el único, es la continuación de Acueducto que fue cerrada con una reja para unir dos predios de una universidad. Ese caso lleva más de 40 años y amerita también una acción enérgica del ayuntamiento.

La recuperación del espacio público debe ser pareja, pues de otra manera el alcalde terminará dándole la razón a quienes lo acusan de que detrás de estas acciones lo que se busca es perseguir al comercio ambulante y no recuperar un bien público. O todos coludos o todos rabones.

Diego Petersen

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