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Rubén Martín
MAR 28 2015
Antipolítica

Por Rubén Martín rubenmartinmartin@gmail.com

Seis meses sin 43

Pasaron seis meses ya desde la terrible masacre de Iguala y nos siguen faltando 43 desaparecidos y los seis asesinados en esa misma noche; y nos faltan también los más de 25 mil desaparecidos que oficialmente reconocen las autoridades.

A seis meses de la agresión, asesinato y desaparición en contra de los normalistas de Ayotzinapa, queda claro que el Gobierno ha apostado no sólo al olvido, sino a algo más grave: a tergiversar los hechos, estigmatizar y criminalizar a los normalistas, con lo que convierte doblemente en víctimas a los sobrevivientes y a los familiares de los normalistas asesinados y desaparecidos.

La versión tergiversada producida en oficinas de Gobierno es reproducida y ampliada en las cadenas de televisión comerciales, en diarios y espacios de opinión oficialistas. La idea de que los normalistas “en algo andaban” y de que “se lo merecían” tiene como antecedente esa campaña de tergiversación del Gobierno.

Al Gobierno de Enrique Peña Nieto le urge dar vuelta a la página a esta coyuntura creada por la masacre de Iguala, para proseguir con su agenda de lo que llama reformas estructurales (que es en realidad un conjunto de leyes de despojo); por eso, de manera insensible e insensata pide a los padres de familia “superar” el dolor causado por esa tragedia. Como si entendiera acaso el tremendo dolor de un hijo asesinado o desaparecido en la masacre cometida en Iguala.

Pero en lugar de “superar” el dolor como pidió Peña Nieto (y también el insensato Vicente Fox), los familiares de Ayotzinapa han convertido ese dolor en rabia y acción para buscar justicia no sólo para ellos, sino para otros dolores y rabias. En sus recorridos por todo el país, contando su drama y dolor y exigiendo justicia y la presentación con vida de sus hijos, los familiares de los desaparecidos de Ayotzinapa se convierten al mismo tiempo en resonancia de otros dolores e injusticias.

Los hechos de Iguala y el movimiento popular que ha emergido a partir de los familiares de Ayotzinapa ha hecho añicos la imagen del Gobierno mexicano en el extranjero y, en conjunto con la revelación del caso de la Casa Blanca de su esposa Angélica Rivera, ha afectado la imagen presidencial de modo casi irreversible.

Por eso la reacción estatal ha sido tan violenta. Desde hace dos meses echaron a andar la nueva estrategia que comprende dar carpetazo al caso, militarizar el Estado de Guerrero para garantizar la “normalidad” de las actividades económicas, dividir a los movimientos, entre ellos a las organizaciones de maestros de Guerrero, y reprimir a los que no se dobleguen, como ocurrió con la marcha magisterial en Acapulco donde murió el maestro jubilado Claudio Castillo Peña.

Pero a pesar de la estrategia oficial y de la perniciosa propaganda oficial que pretende distorsionarlo, el movimiento de solidaridad en torno a Ayotzinapa se mantiene en la movilización, convocando a un cambio político de fondo en este país, convirtiéndose en el mayor desafío no sólo al Gobierno de Peña Nieto, sino de todo el sistema político.

Rubén Martín

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