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María Palomar
MAR 9 2014
De lecturas varias

Por María Palomar opinion@informador.com.mx

Documentos japoneses (II)

I. El martes 4 de marzo de 1614 llegaron a la capital de la Nueva España veinte de los ciento ochenta japoneses que hicieron el viaje desde el puerto de Sendai hasta Acapulco. Formaban parte de la misión diplomática enviada por el señor de Seido y encabezada por el samurai Hasekura Tsunenaga, la primera en la historia en pisar tierras americanas y europeas. El lunes 17 llegó otro grupo que incluía a Sebastián Vizcaíno, mercader de la ciudad de México que había estado en Japón un par de años; por fin el lunes santo, día 24, se recibió al jefe de la misión, Hasekura, con el resto de sus acompañantes.


II. Vio la llegada del primer grupo el noble cronista chalca Domingo Chimalpáhin, que consigna el hecho en su Diario, redactado en náhuatl: “vinieron y llegaron unos principales de Japón, los cuales entraron a caballo a las 12 horas del día. Delante de ellos avanzaban a pie sus súbditos, que llevaban levantados unos palos delgados y negros; ¿serían sus lanzas?, ¿qué podrán significar?, ¿no serán acaso en Japón insignias que preceden a los señores? Venían ataviados como acostumbran ataviarse en su tierra, con una especie de toga atada por detrás y con la cabellera recogida”.


III. Chimalpáhin, además de ser curioso, estaba enterado de cuanto ocurría en México; informa que el propósito de la embajada era visitar en Madrid al rey Felipe III y en Roma al Papa Pablo V, para ofrecerles paz y amistad, establecer vínculos comerciales y pedir el envío de misioneros a Japón, lo cual Chimalpáhin considera una empresa normal y deseable, pues los japoneses, que “han andado perdidos, viviendo como gente ruda entre varales, zacatales, llanos y montes”, ahora buscan inscribirse en la órbita de la cristiandad y de la monarquía católica.


IV. Después de su largo periplo de siete años, el samurai Hasekura y la mayor parte de sus compañeros volvieron a Japón sólo para constatar que soplaban otros vientos, pues los gobernantes habían abandonado su intención de abrirse al comercio y habían desencadenado una persecución contra los misioneros y los cristianos japoneses. Algunos de quienes viajaron con Hasekura prefirieron permanecer en España o en México.


V. Sobre la historia de esta embajada hay numerosos documentos y publicaciones antiguos y recientes. Vale la pena mencionar algunas ediciones y aportaciones de los últimos años. La investigadora Melba Falck Reyes, de la Universidad de Guadalajara, y su colega Héctor Palacios han estudiado la vida de Luis de Encío, un japonés que se convirtió en tapatío y que muy probablemente llegó con Hasekura (El japonés que conquistó Guadalajara, UdeG, 2009). El historiador italiano Escipión Amati, que acompañó a los japoneses de Madrid a Roma, escribió la Historia de la embajada de Idate Masamune (Madrid, Doce Calles, 2011). El famoso autor Shusaku Endo escribió una novela sobre el tema, El Samurai (Madrid, Edhasa, 2008). Y el Diario de Chimalpáhin está en una extraordinaria edición bilingüe de Rafael Tena (Cien de México, CONACULTA, 2001).

María Palomar

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