Patologías políticas Viernes, 7 Junio 2013 por El Informador

Por Ana María Salazar

Les ofrezco disculpas, estimados lectores, de retomar de nuevo el tema de liderazgo en este espacio.  Pero después de leer notas informativas, cómo no hablar  sobre este tema. ¿Cómo explicar las cinco cajas con 88 millones pesos  en  efectivo que se encontró en un inmueble del  ex secretario de Finanzas del ex gobernador de Tabasco, Andrés Granier? ¿Qué va a pasar con el ex gobernador de Aguascalientes, Luis Armando Reynoso, que enfrenta una orden de aprehensión por simular la compra de un tomógrafo con valor de 13.8 millones pesos, el cual nunca llegó al Instituto de Salud? ¿Y qué tal las mentadas de mothers entre los panistas?  

¿No les dan ganas de llorar al pensar que todos estos individuos tienen y tuvieron la capacidad de impactar, para bien o para mal, la vida de millones de mexicanos?  

¿Tenemos el derecho de aspirar a una mejor clase política? Para curar a los enfermos hay que identificar la enfermedad. Hace años escribí sobre las diferentes patologías que sufrían los líderes políticos en el país en mi Manual de liderazgo para no ser un líder jurásico, así que veamos:

Daniel Goleman en su libro El líder resonante crea más. El poder de la inteligencia emocional, hace una clasificación de los comportamientos antisociales, a los que llama la triada oscura,  los que para efectos de este libro resultan muy interesantes, ya que podemos ponerlos como ejemplos positivos de líderes políticos y como ejemplos, también, de lo que no debe hacer un político moderno.

“Cuando una persona tiene como rasgo distintivo el eludir la sintonía, típicamente se encuadra en uno de los tipos que los psicólogos denominan la triada oscura: narcisistas, maquiavélicos y psicópatas. Los tres tipos comparten, en grado diverso, una esencia desagradable, aunque a veces bien oculta: duplicidad y malevolencia social, egocentrismo y agresión, y frialdad emocional”.

El problema radica, precisamente, en que esta especie de seres egoístas cuya característica principal suele ser ensalzada más por sus resultados que por los beneficios que traen a la sociedad, incluso llegan a ser considerados grandes
líderes que movilizan a las masas, pero cuyo egoísmo, avaricia y satisfacción propia siempre estarán por encima de cualquier otra cosa, incluso del honor y bienestar de sus propias familias. Esto es, que cualquiera de estos tres tipos de conductas resulta terriblemente peligroso en un hombre o mujer con poder.

Son los narcisistas, los que parecerían poblar la clase política. A este tipo de personas las impulsa el afán de reconocimiento, quieren cumplir sus sueños de gloria, sin que les importe pasar por encima de quien tengan que hacerlo. Aunque en algunos casos el narcisismo puede ser saludable, cae también en los extremos opuestos. El lema del narcisista, escribe Goleman,  “los no saludables ansían ser admirados más que amados. Entre sus puntos fuertes se encuentran la habilidad de ofrecer vívidas imágenes y de atraer seguidores, a menudo innovadores en los negocios, alcanzan logros, no porque tengan un alto nivel interior de excelencia, sino porque desean las ventajas y la gloria que los logros traen consigo. Como les importa poco cómo afectarán sus acciones a otros, son libres de procurar sus objetivos agresivamente, sin tener en cuenta los costos humanos”.

Ahora los maquiavélicos deberían de ser fáciles de identificar y rechazar, pero esto no necesariamente es cierto. Un líder maquiavélico nunca se verá a sí mismo como tal, ni siquiera se considerará egoísta. Al contrario, justifica sus fines y los medios que utiliza para conseguirlos. Son cínicos, calculadores y arrogantes. “Aunque tal vez admirablemente fríos en sus interacciones sociales, no se interesan por
establecer conexiones emocionales. Los maquiavélicos, como los narcisistas, ven a los demás en términos estrictamente utilitarios, como ello que pueden manipular para sus propios fines”.

También están los psicópatas. Daniel Goleman los define como personas indiferentes a las consecuencias de sus actos y al castigo que pueda aplicárseles y que incluso pueden llegar a ser peligrosas. Son manipuladores y no tienen empatía, pero buscan manipular a las personas para que sirvan a sus fines.  “Sus rasgos distintivos son el engaño y una temeraria falta de consideración hacia los otros. La irresponsabilidad consecuente de un psicópata no despierta remordimiento, sino sólo indiferencia al dolor emocional que pueden sufrir los demás. A diferencia de los maquiavélicos y los narcisistas, los psicópatas prácticamente no sienten angustia. Al parecer, no conocen el miedo”.

Yo les dejo la tarea de que ustedes identifiquen cuál político sufre de estas patologías y saquen sus propias conclusiones.  Me envían su diagnóstico.

correo electrónico: rocio.ybarra@gmail.com