- “Caso cerrado” Jueves, 25 Abril 2013 por Jaime García Elías

Los cultos lo plantean de esta manera: “Estamos perdiendo la capacidad de asombro”. Los mortales comunes lo dicen en palabras más llanas: “Aprendimos a ver lo espantoso con naturalidad”... Hay quien dice que el cine y la televisión tienen la culpa: que llevan tanta violencia “artística” a los hogares, que la violencia de la vida real ya no espanta a nadie. Pero, aun en la hipótesis de que así fuera, ¿quién podría probar que la televisión y las series y películas que suelen verse en ella, se apoderaron por la fuerza, en contra de nuestra voluntad, del lugar de honor de nuestro hogar...?

-II-

Ayer se habló de dos sucesos de dudosa validez noticiosa...

Uno, el hallazgo del cadáver de una joven, suspendido de un puente peatonal mediante un cable eléctrico. Bastó con que el personal forense que atendió el caso dijera que todo apuntaba hacia un caso de suicidio, para que el interés por el suceso se diluyera... Vaya: como si el suicidio de una joven de 22 años fuera normal; como si la víctima no tuviera nombre, ni historia, ni afectos, ni nada; como si todo debiera concluir en el dato estadístico: “Ya van tantas...”.

Otro: el pasado 23 de marzo —hace más de un mes—, el “macabro hallazgo” que en Guadalajara (“Ciudad Amable”, recuérdese) y sus alrededores es episodio casi cotidiano, correspondió a un cuerpo humano descuartizado. A fuerza de volverse “el pan nuestro de cada día”, el hecho tiene escasa validez como noticia: ya no asombra a nadie... El suceso cobra interés ahora —un mes después—, al descubrirse (e informarse) que se trataba de una persona que hasta unos días antes ejercía como “escolta” del ahora ex gobernador Emilio González Márquez.

-III-

En el primer caso, se aplicará al expediente el consabido rótulo: “Caso cerrado”. La culpa social que genera el drama existencial y culmina en el suicidio de una joven, queda impune... En el segundo, “los avances de la investigación” se reducen a poner rostro y nombre a la víctima. ¿Quién se detiene a pensar en que, al margen de la tragedia personal implícita en esos casos, la autoridad se limita a recoger, contar e identificar —en el mejor de los casos— a los muertos, y nada significativo hace para dar a la sociedad la tranquilidad de que en nuestro entorno inmediato no hay motivos para aplicar la frase de que “la vida no vale nada”...?