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Diego Petersen
OCT 29 2012
En tres patadas

Por Diego Petersen diego.petersen@informador.com.mx

Dándole pena a la FIL

Entregado el dinero a Bryce Echenique la pregunta es qué sigue para el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances. El daño no es menor y la coincidencia de la crisis del Premio FIL con la aparición en México del Premio Carlos Fuentes, que es todo menos casual, pone una presión extra que amenaza la existencia del premio. Haiga sido como haiga sido, diría el señor presidente, la FIL tiene que replantearse en serio cuál es su lugar y cómo enfrentar la crisis.

El error de origen fue premiar a un personaje acusado y sentenciado en primera instancia de plagio, que en términos prácticos equivale a darle el Premio Nobel de la Paz a alguien sentenciado por asesinato. Se puede alegar y discutir si el trabajo periodístico es separable del literario; lo que no se puede separar es un que escritor que plagia atenta contra el oficio mismo, como un pacifista que mata o un cura que reniega de Dios: no se puede ser cura y ateo ni escritor y plagiario. El segundo error fue entregarle el premio de manera vergonzante y a distancia, con lo cual fue ahora el premio el que atentó contra sí mismo. Era mejor tener protestas en la FIL o subirle el precio al premiado de tal forma que fuera él quien decidiera no venir. Al entregar el premio con un enviado y separar a la FIL del premio más importante (él único que, aunque sea por motivos ajenos a su voluntad, lleva el nombre de la feria), el daño colateral es inevitable.

La Feria tiene dos opciones: lamerse las heridas y ver cómo se desvanece el premio (conseguir, en estas condiciones, quién quiera recibir el premio el próximo año no será tarea fácil) o dar el salto y buscar que el premio suba de nivel.

No tengo duda de que la Feria va a buscar la segunda opción, pero para ello hay que construir las condiciones. Lo primero es ampliar y renovar al grupo promotor, esto es: incluir en el patronato sangre nueva y de ser posible ampliar al monto del premio, pero es sin duda más importante el fortalecimiento institucional. Segundo, cambiar al jurado completo; eso no quiere decir que quienes están no sean valiosos, pero después de lo que sucedió lo mejor es renovarlo e incluir en el nuevo jurado a gente de altísimo nivel, con un consejo en el que participen, por ejemplo, algunos de los premiados. Y tercero y quizá más importante: que sea efectivamente un premio de lenguas romances, porque, aunque desde hace cinco años lo es de nombre y ya fue premiado un escritor portugués, sigue teniendo un carácter eminentemente iberoamericano. Eso es lo que hará que el Premio FIL se diferencie realmente del Premio Carlos Fuentes y que encuentre una figura que le regrese el prestigio que le dieron los anteriores premiados y no siga dándole pena a la tristeza, perdón, a la FIL.

Diego Petersen

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