Diario de un snob Sábado, 15 Septiembre 2012 por El Duque De Tlaquepaque

Y hoy en día en que todo, o casi todo, se da por sentado, o como si el salto cuántico que ha venido sucediendo en los últimos 10 o 15 años fuese algo de lo mas “natural” o de lo más “sport”, y me refiero obviamente a todo arrancando con la tecnología de uso cotidiano y después vienen asuntos de orden más complejo, así pues, si las fechas eran cercanas a reingreso a clases, en toda escuela se comenzaba a los famosos ensayos de escolta a la bandera. Otros más tocaban algún instrumento en el “orfeón” o en el coro, pero, sin duda el mayor orgullo para los infantes era el ser elegido para que portara el lábaro tricolor durante las fiestas de la Independencia dentro del perímetro de su propio colegio, como también orgullo el que condujera la escolta en los famosos desfiles del día 16 de septiembre por avenidas y calles de nuestra “blanca ciudad”. Con cierto dejo de nostalgia y altas dosis de ingenuidad recordamos ciertos desfiles y las verbenas de la noche de El Grito cuando nuestro país era otro bien distinto, no sólo México sino el mundo entero ha cambiado de manera tan radical que de pronto sentimos que no reconocemos hasta ciertas zonas de nuestra propia ciudad. Así, más o menos recordamos el alboroto social que en todas clases sociales provocaban estas fechas la alta sociedad invariablemente estaba invitada de “rigueur” a los salones de Palacio a presenciar la ceremonia, y más específicamente desde los balcones del espléndido Salón de Embajadores que ocupa todo el “piano nobile” de nuestro bello Palacio de Gobierno, joya auténtica del más puro Barroco MexicanoEspañol. Hasta bien entrados los años ochenta del siglo XX era una fiesta de postín. Señoras encopetadas, personajes impecablemente trajeados, pocos años atrás las señoras no asistían sin su inseparable (no marido) sino su estola de Mink y, desde luego, peinadas con litros de laca en el pelo durante ciertos periodos de Gobierno tanto nacional como local se impusieron los muy vistosos rebozos de seda o mantones que, portándolos con insuperable gracia, las tapatías destacaban pero no por eso dejaban de lado las famosas pieles que por generaciones lucieron las mujeres de todo el mundo. En la época a que nos referimos, 1958 a 1960, también se pusieron de moda unos bailes concurridísimos en lo que se llamaba El Casino de la Feria, que sólo queda del mismo el recuerdo, ubicado, si mal no recuerdo, en terrenos del Parque Agua Azul con grandes orquestas de baile y la presencia de todo el grupo joven de la época. Además siempre el señorial recinto del Teatro Degollado ofrece u ofrecía un concierto con la Sinfónica en las plazas la verbena popular no se hacía esperar y los fuegos artificiales y los gritos al sonar las 11 de la noche suelen ser aun uno de los espectáculos más emotivos y populares tanto para los mexicanos como para los extranjeros. Ya al día siguiente, día 16, el desfile de rigor con que ilustramos también nuestra página de hoy.